lunes, 22 de septiembre de 2014



EL EQUILIBRIO

LA LOGICA DEL TENER

Juan José Bocaranda E

Valdría la pena hacer esta encuesta: ¿qué prefiere Ud: ser bondadoso, justo, generoso, servicial, colaborador, sensible, humanitario, solidario, o tener mucho dinero,  fábricas, haciendas, barcos, camiones,  quintas y apartamentos lujosos? ¿Para Ud. es lo mismo “ser” que  “tener”?

“Ser” es una identificación plena entre el sujeto que se esfuerza y los valores que adquiere. Todo lo que la persona realiza en función del bien, se incorpora a su ser y lo enriquece: te enrique y se incorpora a tu ser, tu bondad, tu generosidad, tu espíritu de servicio, comprensión y colaboración para con los demás. Al final, eres un ser superior, más completo, más valioso. El ser inicial, diamante en bruto, deviene y se transmuta en precioso diamante, a través del bien que realice.  El hecho de esta integración, en un ser ahora pleno, genera la inseparabilidad, de tal forma que nada ni nadie puede romper esa unidad. De esta manera se cumple lo que los metafísicos vieron hace siglos: que el ser es uno. Por consiguiente, todo lo que el ser “es”, va con él y le acompaña aun más allá de la muerte, sin que nadie pueda evitarlo…Jesús dice: juntad tesoros  en el Cielo, donde ni la polilla ni el óxido pueden destruirlos, ni los ladrones cargar con ellos. El ser es in-apropiable por otro. Nadie, ni siquiera Dios, te lo puede arrebatar. El “ser” te da, no te quita; te hace libre, no te esclaviza; te brinda satisfacciones, no te atormenta.

“Tener”, por el contrario, es una correlación entre el sujeto poseedor y el objeto poseído. El sujeto que posee, cree y afirma ser libre, pero en realidad no lo es,  porque, en el fondo,  hay una subordinación del sujeto respecto al objeto, con el agravante de que la persona poseedora  es en realidad poseída, lo cual es tanto más absurdo cuanto se da  que un ser humano se supedita  a un objeto, a un coroto, a un trasto, a un artefacto, a un ente inanimado, a una máquina, anulando así su libertad.

Cuando el ser humano se preocupa por tener y no por “ser”, atesora bienes y riquezas materiales que, como dice Jesús, son presa del moho,  de la polilla y de los ladrones.

Así, pues, en todo “tener” subyace la separabilidad: de un momento a otro puede romperse la correlación. Entonces el sujeto queda solo, desnudo, desposeído, pobre. Queda como un ser insignificante, sin valor. Porque lo que él creía que cobijaba su valor (tener), no le ha garantizado nada. Era algo postizo, artificial, transitorio. Es como el que pasea orondo y esponjado porque tiene una casa flamante y palaciega, en la playa. Y en ese hecho funda su “valer”, en ello se fundan su prestigio y el presunto motivo de aprecio que le manifiestan sus amigos. Pero, de pronto, se le viene encima el gigantesco tren desbocado de un tsunami, que barre con la casa, la desbarata en un instante, y disgrega sus despojos  tierra adentro. Cuando le dan la noticia al “dueño de nada”, siente que se desmorona, que se lo lleva una creciente, que en realidad no vale absolutamente nada, porque lo que le llenaba, aparentemente, ha dejado de existir. Por eso se le ve desinflado como fantasma en derrota. La separabilidad entre el orondo sujeto y el objeto inestable, se ha producido, y nadie puede dar marcha atrás. Lo separable es una amenaza de ruina prometida  y  de nada y de vacío.

Pero, además de la separabilidad, la subordinación: “tienes”, por ejemplo, un automóvil. De una forma u otra, estás a su servicio las veinticuatro horas del día, sin descanso. Desde que lo retiraste de la agencia comenzó a exigirte y a imponerte cargas: las mensualidades, el seguro y los seguros, el aseo, el mantenimiento, que se condúceme con cuidado, que si sigue por aquí, que si gira allá, que si detente aquí, que …que preocúpate por mi seguridad, busca dónde estacionarme y paga por ello… En fin, eres mi esclavo, estás a mi servicio. Yo, simplemente, te llevo y te traigo.


Y así, sea cual sea el objeto, perol, coroto o artefacto que “tengas”: él te tiene a ti. No tú a él. Y eso no es libertad…Luego ¿qué hacer? ¿Andar en cueros? ¿Irse a vivir en una cueva? No. Sólo saber “tener”: con consciencia de desapego…y no olvidarse del “ser” para atesorarlo y enriquecerlo…

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