EL EQUILIBRIO
LA LOGICA DEL TENER
Juan
José Bocaranda E
Valdría la
pena hacer esta encuesta: ¿qué prefiere Ud: ser bondadoso, justo, generoso,
servicial, colaborador, sensible, humanitario, solidario, o tener mucho
dinero, fábricas, haciendas, barcos, camiones, quintas y
apartamentos lujosos? ¿Para Ud. es lo mismo “ser” que “tener”?
“Ser” es
una identificación plena entre el sujeto que se esfuerza y los valores que
adquiere. Todo lo que la persona realiza en función del bien, se incorpora a su
ser y lo enriquece: te enrique y se incorpora a tu ser, tu bondad, tu
generosidad, tu espíritu de servicio, comprensión y colaboración para con los
demás. Al final, eres un ser superior, más completo, más valioso. El ser
inicial, diamante en bruto, deviene y se transmuta en precioso diamante, a
través del bien que realice. El hecho de esta integración, en un ser
ahora pleno, genera la inseparabilidad, de tal forma que nada ni nadie puede
romper esa unidad. De esta manera se cumple lo que los metafísicos vieron hace
siglos: que el ser es uno. Por consiguiente, todo lo que el ser “es”, va con él
y le acompaña aun más allá de la muerte, sin que nadie pueda evitarlo…Jesús
dice: juntad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el óxido pueden
destruirlos, ni los ladrones cargar con ellos. El ser es in-apropiable por
otro. Nadie, ni siquiera Dios, te lo puede arrebatar. El “ser” te da, no te
quita; te hace libre, no te esclaviza; te brinda satisfacciones, no te
atormenta.
“Tener”,
por el contrario, es una correlación entre el sujeto poseedor y el objeto
poseído. El sujeto que posee, cree y afirma ser libre, pero en realidad no lo
es, porque, en el fondo, hay una subordinación del sujeto respecto
al objeto, con el agravante de que la persona poseedora es en realidad
poseída, lo cual es tanto más absurdo cuanto se da que un ser humano se
supedita a un objeto, a un coroto, a un trasto, a un artefacto, a un ente
inanimado, a una máquina, anulando así su libertad.
Cuando el
ser humano se preocupa por tener y no por “ser”, atesora bienes y riquezas
materiales que, como dice Jesús, son presa del moho, de la polilla y de
los ladrones.
Así, pues,
en todo “tener” subyace la separabilidad: de un momento a otro puede romperse
la correlación. Entonces el sujeto queda solo, desnudo, desposeído, pobre.
Queda como un ser insignificante, sin valor. Porque lo que él creía que
cobijaba su valor (tener), no le ha garantizado nada. Era algo postizo,
artificial, transitorio. Es como el que pasea orondo y esponjado porque tiene
una casa flamante y palaciega, en la playa. Y en ese hecho funda su “valer”, en
ello se fundan su prestigio y el presunto motivo de aprecio que le manifiestan
sus amigos. Pero, de pronto, se le viene encima el gigantesco tren desbocado de
un tsunami, que barre con la casa, la desbarata en un instante, y disgrega sus
despojos tierra adentro. Cuando le dan la noticia al “dueño de nada”,
siente que se desmorona, que se lo lleva una creciente, que en realidad no vale
absolutamente nada, porque lo que le llenaba, aparentemente, ha dejado de
existir. Por eso se le ve desinflado como fantasma en derrota. La separabilidad
entre el orondo sujeto y el objeto inestable, se ha producido, y nadie puede
dar marcha atrás. Lo separable es una amenaza de ruina prometida y
de nada y de vacío.
Pero,
además de la separabilidad, la subordinación: “tienes”, por ejemplo, un
automóvil. De una forma u otra, estás a su servicio las veinticuatro horas del
día, sin descanso. Desde que lo retiraste de la agencia comenzó a exigirte y a
imponerte cargas: las mensualidades, el seguro y los seguros, el aseo, el
mantenimiento, que se condúceme con cuidado, que si sigue por aquí, que si gira
allá, que si detente aquí, que …que preocúpate por mi seguridad, busca dónde
estacionarme y paga por ello… En fin, eres mi esclavo, estás a mi servicio. Yo,
simplemente, te llevo y te traigo.
Y así, sea
cual sea el objeto, perol, coroto o artefacto que “tengas”: él te tiene a ti.
No tú a él. Y eso no es libertad…Luego ¿qué hacer? ¿Andar en cueros? ¿Irse a
vivir en una cueva? No. Sólo saber “tener”: con consciencia de desapego…y
no olvidarse del “ser” para atesorarlo y enriquecerlo…

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