martes, 26 de agosto de 2014

EL VISITANTE OSCURO. Juan Josè Bocaranda E




VENTANA PARA SACAR CUENTAS

EL VISITANTE OSCURO
Juan José Bocaranda E

Desafiante, daba por supuesto que el ser humano viene a este mundo, casi exclusivamente, a satisfacer las apetencias de los sentidos físicos. Por ello reconocìa que no distaba mucho de los animales, pues, en esencia, todo era para èl sexo y la comida.

-Cuando uno se muere, desaparece totalmente, como los perros. Por eso aprovecho la vida. Lo mìo son las mujeres, el aguardiente y una buena chuleta.

Por supuesto, dejaba implícito en esta lista el tabaco y  las drogas, y el hecho de sojuzgar,  maltratar y explotar a los demás, con injusticia evidente, y de imponer su voluntad a toda costa, sobre la razón, la justicia y la verdad, recurriendo a la mentira, a la calumnia, al dolo, a la usura, a la avaricia y al enriquecimiento a expensas de los demás.

Sin embargo, a pesar de su aparente valentía y desparpajo, abrigaba un sordo temor a la muerte. Era como el presentimiento de que tendría que rendir cuentas en la hora menos pensada, cuando se le abriría la puerta hacia la màs espesa oscuridad.

Una madrugada sintió que esta puerta hacia lo negro chirriaba en sus goznes y que traspasaba el umbral un jinete muy feo cabalgando un corcel negro, tan negro, que sòlo se podía mirar el candeleo de sus ojos encendidos como brasas y, vagamente, el vaho que se le escapaba por las narices.

Entonces temblò y temblò como la hoja de un árbol. Iba a morir, mas no tan rápidamente como hubiese deseado. No. Porque sus inclinaciones perversas, el peso de sus vicios y la maldad que le envolvía de pies a cabeza, le amarraron a la Tierra, evitando que se liberase. Eran los “apegos”. Eran las cadenas invisibles que atan al alma a este mundo, y que le impiden ascender en el proceso de morir, forzándola  a permanecer en el nivel material,  aunque sin cuerpo físico, lo que le causa muy grave sufrimiento, porque queda atrapada en el astral, en permanente, inútil y desesperada búsqueda de  satisfacer las adicciones. 

¡Y qué no decir –prosiguiò el Maestro- de los comerciantes que muestran ser voraces, injustos y abominables! Ellos también forman filas en este grupo de la muerte negra. Cuando se les acerca “el jinete fiero”, tiemblan, se aferran a esta vida, no quieren desapegarse de sus riquezas mal habidas, y padecen graves remordimientos al borde del negro abismo, por lo que les espera abajo. Se les viene encima todo el cúmulo de deudas morales que contrajeron con otros comerciantes, a quienes desearon el mal por motivos de competencia, y las que se han creado como consecuencia de los abusos perpetrados contra los clientes, a cuyas expensas se enriquecieron, nada de lo cual se llevarán con ellos, pues tendrán que presentarse en cueros ante el duro Juez del más allá…

Cada quien, con su forma de vivir, escoge la forma de morir. Nuestra muerte será tanto más apacible, cuanto mayor cúmulo de armonía hayamos cosechado en el curso de nuestra vida- dijo para concluir.

Todos quedaron sumidos en profundas reflexiones, como si cada quien estuviese sacando cuentas…

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