lunes, 26 de enero de 2015

NOCUENTO LA CUCARACHA. Juann Josè Bocaranda E



NOCUENTO
LA CUCARACHA
Juan Josè Bocaranda E

Siempre se mantuvo lejos de mí, como temiendo, embutida en el misterio, donde no trabaja sino el crimen…Las pocas veces que nos topábamos de frente, me miraba con aquellos punzones negros, llenos de dudas. Me parecìa que movía las antenas hacia mí, auscultándome, repasando mi aura, escarbando en mis pensamientos…De resto, se escondìa para escucharme, como lo hacìa Stalin, detrás de los biombos: se trataba de Franela, mi “suegra” en proyecto, a quien bauticé la cucaracha, (“con el debido respeto”, como suelen decir los abogados de mèrito en sus escritos al juez).

Y me la tenía dedicada.

Cada noche, su hija Esdrújula, mi tentativa de novia, me advertía:
-Mamá y yo estuvimos hablando de ti. Acordamos que, cuando estemos casados, tú deberás hacer esto…y esto…y aquello.

Otra noche:    
-Mamá me dijo que, apenas casados, deberás hacer esto…y esto y lo de más allá…

 Otra noche:
-Si, cuando estemos casados, no haces lo que te ordenemos mamá y yo, nos vas a causar un gran disgusto y entonces, ayayay,  pagarás las consecuencias porque…y porque…

Otra:
Cuando estemos casados deberás, también…y…y…y…Así me lo dijo mamá…Ah. Y serás el médico de toda la familia, incluyendo a los primos terceros y también a nuestros amigos…

-¿Por qué?

-Porque lo decidimos las dos.

Me despedí de inmediato  (Nomejo).

-Hasta mañana, mi amor adorado –le dije con un sentimiento nuevo, fresco, recién hechecito- . ¡Què bien me siento contigo y al calor amoroso de tu madre! ¡Què felicidad la que me espera!…

Claro que no regresé jamás…Ni tonto. Con aquellos pronósticos de tormentas, naufragios y  muerte…

Han pasado cuarenta años. La cucaracha seguramente habrá muerto. Por envenenamiento con algún aerosol, o por causa de un chancletazo bien plantado. Y Esdrújula ya reunirá, si es que aún vive, todas las características de las cucarachas metiches, cuyos genes pasan de generación en generación…




jueves, 22 de enero de 2015

Nocuento. EL OCTETO FEROZ. Juan Josè Bocaranda E


EL OCTETO FEROZ
Juan Jòsè Bocaranda E

El señor Lauret, Pierre Auguste Laurent de la Charcuttier, era un abogado de lo màs relamido. Habìa nacido en Paris y estaba viviendo allì cuando Napoleòn se hizo coronar.
Cuando Laurent iba a salir de casa hacia la oficina o hacia los tribunales, se acicalaba e inhalaba grandes bocanadas de aire, como debían hacerlo todos los abogados de respeto, para salir aventado, espetado e “importante” y andar asì todo el dìa. Por supuesto, por la noche llegaba agotado de “importancia” a quitarse los zapatones, hacer ejercicios de digitalización pedestre  y expulsar el resto de aire que había sabido administrar en unos pulmones felizmente adiestrados para tamaña mediocridad.
Hay que decir que en aquellos tiempos no era abogado sapiente y lustroso el que tuviese apariencias de persona humilde, común y corriente. A los abogados que no anduviesen orondos y redondos de “importancia”, nadie los tomaba en cuenta y terminaban vendiendo plátanos en el mercado central de Parìs, No se podía concebir una apariencia modesta conjugada a la posesión de una sapiencia suma, de una inteligencia portentosa y de un fuste jurídico de acento. De ahì que existieran “Escuelas de Poseses Jurídicas y Sapienciales” donde paralelamente a los estudios universitarios los interesados podían tomar enseñanzas de gente ducha en el lucir, experimentada en la vistosidad, famosa por dominar el difícil arte de las apariencias.
Claro, a estas escuelas especiales no podía acudir todo mundo. No por cuestiones de acceso democrático ni principios de igualdad, sino porque quien no tuviese medios económicos suficientes tendría que irse a  los lenocinios a tomar otra clase de lecciones que, lamentablemente, no le servirían para cobrar prestancia ante clientes poderosos ni ante jueces de esplendor, saturados de magistraturas.
Pero Monsieur Laurent no tenía necesidad de acudir a esas escuelas de poses y artificios, porque èl las había adquirido desde muy temprano, pues era “de noble cuna”, entendiendo por tal, no la honra y la elevación de espíritu, sino la posesión màs o menos amplia de patrimonios  terrenales, bien o mal habidos, no importa.
No es de extrañar, entonces, que Laurent se las supiera todas en esa materia de espejos, espejismos y vistosidades.
Elegante en el vestir, distinguido en los gestos, destacado en la orondez,  emanando aires de sapiencia y luciendo  poder económico suficiente, no tardò en desembocar en relaciones extramatrimoniales. Y en estas circunstancias, procreò una niña, a la que llamaba “mi flor”, y que fue creciendo, creciendo y haciéndose cada vez màs hermosa, hasta que se pudo establecer que el amor paterno había sido en realidad un amor que algunos llamarìan “espurio” pero que, en  palabras jurídicas –que es lo importante- venìa a ser incestuoso.
Queriendo cambiar lo viejo por lo nuevo –en eso sì- tuvo la idea de divorciarse de Petunnie, ya un poco ajada, para contraer matrimonio con la “Flor” fresca y lozana.
Pero tanto èl, como Pettunie y todo el vecindario de la entonces pequeña Parìs, estaban enterados de que aquella joven era su hija. Pràcticamente la había reconocido como tal ante todos y para todos: no podía negarlo.
Tambièn las autoridades estaban al tanto de ese vìnculo, y por esta razón se negaron a casarlos, por lo que Laurent llevò el caso a los tribunales. Todos apostaban a que perderìa y que definitivamente tendría que desistir, aunque nada le impedía el concubinato.
La sorpresa fue mayúscula. Tanto en la radio, como en la televisión y en la prensa escrita, asì como en la Nasa, en la Otan, en otras instituciones humanitarias, y en el propio vecindario,  retumbò el escàndalo: el alto tribunal declaró procedente el matrimonio entre Pierre Auguste Laurent y la hermosa Fleur Marie Beilemer.
No fue difícil, ni en un ápice, que Lauren hallara eco en los siete jueces: los ocho tenìan un factor común que les unìa y apersogaba: todos ellos eran dogmáticos. Para este octeto eminente, la ley es la ley y està por encima de todo: de la realidad, de lo humano y hasta de lo divino. Lo que vale es el Derecho establecido, y punto. Ante la mente de Lauren y de todos los jueces, era preferible que el padre se casara con su propia hija adulterina, que efectuar su reconocimiento, sencillamente porque la ley lo prohibía.
El matrimonio tuvo tres hijos varones: Chuche, Jacinte y Joseph, quienes llegarìan a ser abogados como su padre. Uno sería profesor de Derecho en la Zorbone. Otro sería miembro de la alta magistratura y el tercero se destacarìa como litigante. Duchos, todos, en remachar la ley. Porque la ley es la ley, y la ley es de hierro aunque se oxide...




lunes, 19 de enero de 2015

LOS VIOLENTOS ANTE EL MÀS ALLÀ. Juan Josè Bocaranda E


Prensa
LOS VIOLENTOS ANTE EL MÀS ALLÀ
Juan Josè Bocaranda E

 A màs de 2mil años de quien predicò el amor pagando con la vida, la Humanidad se hunde cada vez màs en los disparates, el crimen, la perversión, el  abuso del poder y la violencia.

Hoy nos vamos a referir, justamente, al fin que espera a los violentos en “el màs allà”, donde el poder, la prepotencia, el abuso, la mentira, las riquezas materiales, el desdèn y las burlas,  nada valen. Dante los ubica en la Primera Circunferencia del Séptimo Cìrculo del Infierno, donde los crueles padecen eternamente sumergidos en un rìo de sangre hirviente, bajo la vigilancia de un tropel de centauros  sin clemencia.  Allà sufren y gimen  “los tiranos y los que ejercen violencia contra el prójimo y sus intereses; los que se ceban en la sangre y la rapiña, y que deben expiar por siempre las maldades inexorables”.

A pesar de los incrédulos, vamos a reseñar, en líneas màs modernas, cuàl es el destino de los violentos “al otro lado del Aqueronte”.  Para esto traemos la síntesis de innumerables investigaciones realizadas a lo largo del tiempo por personas serias que destacan las coincidencias y las coherencias sobre el tema del destino después de la muerte. La síntesis fue recogida por el Dr. Robert Crookal en su libro “La Aventura Suprema”, del cual nos limitaremos a presentar, simplemente, algunos renglones, para que cada quien extraiga su conclusión respecto a la gran pregunta: ¿Puedo seguir empleando la violencia cada vez que me venga en gana, en el ámbito particular, como ciudadano, vecino, esposo o padre de familia o, en el ámbito de la política, como gobernante, grande o pequeño?

Pues observa: allà nada queda impune. Todos los actos negativos contra los demás, son sufridos en carne propia. El mal uso del poder y el hostigamiento sistemático, generan el mayor nivel de karma. Quien haya tenido la misión de proteger a la sociedad, pero intencionadamente haya abusado del poder, entregándose a la arbitrariedad y causando daños y perjuicios a los demás, pagarà la deuda con alto karma.  Nadie será excusado de su mal comportamiento alegando òrdenes superiores, ni supuestos “principios” transitorios. La crueldad, mental o física, contra los seres humanos o los animales, genera gran responsabilidad y jamàs puede ser justificada. Los que hostigaron insistentemente a los demás, después de llegar a las zonas màs oscuras tendrán que disculparse y pedir perdón a las víctimas. Sòlo las víctimas inocentes tienen el poder de perdonar a quienes les infligieron maltratos, castigos inhumanos, hostigamiento, crueldad o asesinato. Mientras no reciban ese perdón,  permanecerán en su condición miserable. Las esferas inferiores donde moran los personas que hayan practicado el hostigamiento, la violencia, la crueldad, son particularmente oscuras, desagradables,  pavorosas (“dantescas”, “infernales”). Los arrepentimientos “de última hora” o la absoluciòn de un sacerdote, ni el bautismo, ni alguna otra ceremonia o ritual, lo libraràn. Porque toda persona, al morir, conserva las mismas vibraciones que tenía en la vida. La cualidad de èstas no cambia. Las vibraciones del mal causado, acompañan al malvado al mundo de la espiritualidad, donde recibirà la sanción que le corresponde conforme a sus acciones, en un ambiente donde sufren los que alimentaron pasiones siniestras y deseos brutales, los beodos habituales, los egoístas, los avaros, los lujuriosos.




domingo, 18 de enero de 2015

HORROR A LA IUS-ÈTICA. Juan Josè Bocaranda E


HORROR A LA IUS-ÈTICA
Juan Josè Bocaranda E.

Pensàndolo bien, creo que quienes tienen horror a la Ius-ètica pueden dividirse en estas categorías:

a)Los dogmáticos, que rechazan todo cambio en el Derecho y para quienes daría lo mismo si nos estuviésemos rigiendo por el Còdigo de Hammurabi.

b)Los que viven y disfrutan de su status psicológico-profesional, y miran con grima tener que estudiar de nuevo.

c)Los rutinarios, que no se cansan de seguir las huellas cansadas de otros pies.

d)Los funcionarios torcidos que ven en la Ius-ètica una exigencia permanente y seria contra la irresponsabilidad, la corrupción o la flojera.


viernes, 16 de enero de 2015

EL LOTERO. Juan Josè Bocaranda E


EL LOTERO
Juan Josè Bocaranda E

Podrìa  decirse que  toda la ciudad està a la mesa frente a las ollas humeantes, pues no pierde la mala costumbre de almorzar todos los dìas… Toda la ciudad,  menos Pedro Luna, quien entre las nubes del hambre va por la calle vendiendo “quinticos” de loterìa....
12. 54   783.
25. 33.  932
45.77.   000

Pero nadie le hace caso


-Còmprenme un numerito, carajo, que me estoy muriendo de hambre...y nadie le hace caso...ni yo,  que ando "pelando" como èl...

martes, 13 de enero de 2015

Nocuento para niños bobos.



Nocuento para niños bobos
LA ORDEN DE MALTA
Juan Josè Bocaranda E

En la Escuela de Derecho, Brìsnida Zofema Linarez se destacaba por lo zalamera con los profesores, prestándose para todo, para todo, con tal de ganar puntos y graduarse cuanto antes, decidida a entrar a saco en los terrenos de la pobre Justicia, donde haría de las suyas como honorable jueza.
Cuando Lisandro Antequera comenzó como profesor, Brìsnida, siguiendo instrucciones del director de un instituto de la Escuela, pretendiò descalificarlo delante de todos. Interrumpió la clase y, alzando la mano, le preguntó:
-Profesor, ¿Ud. pertenece a alguna Orden?
-¿Por qué lo pregunta?
-Porque el profesor Redondo Tovar pertenece a la Orden de Malta.

-Por eso no. Porque yo pertenezco a la "Orden del Guarapo de Papelón", que es mucho màs sabrosa.