Sintesis, Iusetica, Derecho, Folisofía, Sociologia, Humor, Igualmente contendra material no publicado en los blog oficiales
miércoles, 31 de diciembre de 2014
lunes, 29 de diciembre de 2014
EL VERDADERO VALOR. Juan Josè Bocaranda E
EL VERDADERO VALER
Juan Josè Bocaranda E
En la vida diaria las personas suelen identificarse con sus circunstancias,
con lo transitorio. El mèdico se identifica a sì mismo como mèdico. El abogado,
como abogado. El comerciante, como comerciante. Cuando en realidad todo ello es
cambiante, pasajero, prestado y hasta accidental. Porque aquèl es mèdico, pero
pudo no haberlo sido por una u otra causa o motivo. El segundo es abogado. Pero
pudo haber sido panadero o talabartero, y no abogado. Y el comerciante es
comerciante. Pero pudo haber sido sacerdote o profesor. En fin, muy pocos seres
humanos se identifican con su propio ser, con su ser interno, con su realidad
interna. Por eso, al abogado que se aferra a su título, al mèdico que se aferra
al suyo, al comerciante que se aferra a
sus bienes, a su tienda, a su almacenes, es preciso recordarles: todo es
transitorio, todo pasa, todo fenece. Viene un tsunami, y todo lo barre. Y si te
salvas porque corres a tiempo, después veràs còmo todo ha desaparecido, tu
casa, tus almacenes, tus mercancías, tu caja registradora, tus documentos y
hasta el banco donde conservabas tu dinero, tus joyas y tus títulos de
propiedad. Si eres ingeniero y no puedes ejercer la profesión por alguna causa,
¿dejas por ello de ser hombre? ¿Dejas de tener alma y espíritu?.
En 1982 conocimos a un señor que había perdido en Polonia todo, todo, por
causa de las bombas: familia, bienes, documentos. Nada probaba que había sido
mèdico, graduado en una de las mejores Universidades. Ni siquiera podía probar
que habìa cursado Educaciòn Primaria. Llegò a Venezuela y fue a parar al pueblo
donde ejercíamos como juez de municipio. Era el mèdico rural. Nos hicimos
amigos. Excelente persona. Y no por haber perdido todo se sintió perdido
también èl. No. Portaba en sì la gran semilla de su propio ser, de su ser
humano, de su ser interior, y recomenzó la vida. Porque su ser no dependìa de
ningún título, de ninguna circunstancia, de nada ajeno a su propio valer. No se
echò a morir. Recurriò a su propio valer ìntimo, y resurgió mediante un nuevo
comienzo. Actuò con verdadera sabiduría. Se propuso estudiar de nuevo desde el
principio, cuando llegó a Venezuela en
1946, y escalòn tras escalòn, pudo graduarse de mèdico.
Cuando un persona ha quedado sin
empleo, o ha tenido que cerrar el
establecimiento comercial por falta de ingresos, por no poder pagar tan altos
alquileres, o cuando ha tenido que retirar del colegio a los hijos, en fin, cuando las circunstancias se le hayan
tornado adversas, debe recordar que lleva dentro la gran semilla del ser. Debe
recurrir a ese convencimiento y extraer fuerzas de su verdadero esencia. No
nació comerciante: se hizo comerciante. Y asì como no lo era y llegó a serlo,
ahora no lo es. Luego ser comerciante no pertenece a su esencia de hombre. Por
lo tanto, debe apoyarse y sacar fuerzas de su ser verdadero. Nosotros no
podríamos decirle còmo. Pero sì podemos recordarle algo: que debe recurrir a su
propio ser. Quien actùa con este nivel de consciencia manifiesta verdadera
sabiduría y renace.
sábado, 27 de diciembre de 2014
miércoles, 24 de diciembre de 2014
EL ABRACITO DEL PAN Y DEL AMOR. Juan Josè Bocaranda E
EL
ABRACITO DEL PAN Y DEL AMOR
Juan
Josè Bocaranda E
Una
plaza blanca, de bordes azules, salpicada de azul. Y en el centro, también
azul, el velòn que recoge todos los años de una larga vida.
Setenta
y nueve años puntualmente. Y el abuelo, rodeado de su esposa, hijos y nieto,
pica la torta.
Francisco,
el nieto, de cinco años, trepado en una silla en medio de los abuelos, extiende
los brazos, alborozado, y abarca el cuello de los dos, formando un “monstruo de
tres cabezas”. Y aprieta fuerte, muy fuerte…
-Este
es el abracito del pan y del amor- dice con voz de notorio sentimiento.
Y
grita lleno de alegrìa y se desprende de la silla y queda colgando de los
cuellos de ambos abuelos, agobiados por el peso…
-Quiero
estarme siempre asì, siempre, y que este abrazo dure
tresmilnovecientosmil-doscientos cuarentamil y sietemil-cuatrocientos años…
-¡Ah!
–dice el abuelo con los ojos vidriosos de làgrimas- Las delicias espirituales
de ser abuelos, algo que no tiene precio-.
-Asì
es –responde la abuela, también lacrimosa- Tenìa mucha razón Hilda cuando nos
decía: deje que sean abuelos para que sepan què es lo que se siente…Mientras no
lo sean, nunca lo sabrán…
-Sì.
El abrazo del pan y del amor, el mejor regalo de cumpleaños…
lunes, 22 de diciembre de 2014
LA SALUD Y LAS RADIACIONES. Juan Josè Bocaranda E
LA SALUD Y LAS
RADIACIONES
Juan Josè Bocaranda E
Al momento de
ir a vivir en una casa, es preciso, sobre todo, establecer dònde estaràn
ubicadas las camas, porque del subsuelo pueden levantarse radiaciones
negativas. Los animales y las plantas detectan estas malas influencias y evitan
esos lugares. Los perros, las vacas, los caballos, los cerdos, los pàjaros, las
gallinas, optan por las radiaciones positivas, al contrario de los gatos, las
hormigas, los bachacos y las abejas, que escogen los lugares negativos. Alguien
refiere que el dueño de un perro le construyò una hermosa perrera, pero que no
hubo forma de hacerlo entrar allì, a tal punto que preferìa dormir a la
intemperie. Un radiestesista recomendó cambiar la perrera a otro lugar
(positivo), y allì sì funcionò.
Se ha
establecido que las plantas florecen o no y producen o no, conforme les
convengan las radiaciones positivas o negativas que provienen del
subsuelo donde hunden sus raíces. Por ejemplo, los manzanos se dan óptimamente
si se les siembra sobre lugares positivos. A un manzano le salió un tumor canceroso,
que lo matò porque estaba sembrado en un lugar negativo. Asì, pues, los
agricultores deben tener cuidado de los lugares donde almacenas sus productos:
las papas, los tomates, las cebollas, las frutas, etc.etc. Si observan que se
deterioran rápidamente o que pierden frescura, lozanìa o brillantez y sabor,
tomen en cuenta en lugar. Pidan ayuda al radietesista, para escoger el mejor
lugar. Otro tanto los criadores de animales, ganado, cerdos, gallinas o pollos,
etc. y aquèllos que fabrican vinos, pues se ponen agrios si son depositados
sobre lugares negativos.
Una persona que
padece de insomnio frecuente o permanente o que no se siente cómodo al dormir,
sino que, inquieto, va de un lugar a otro de la cama o despierta sobresaltado,
no debe correr de inmediato en busca del mèdico: no digo que no vaya, sino que
lo haga después de cambiar la cama de lugar, en el mismo cuarto, para observar
si viene el buen dormir. El cuerpo se lo dirà. Si se mantiene el problema, vaya
al mèdico. Y, si es posible, busque a un radiestesista que precise si en el
subsuelo de la casa hay radiaciones patógenas. Las irradiaciones patógenas del
subsuelo pueden deberse a un cruce de “bandas de Curry o de Hartman” o a
corrientes de agua subterránea.
¿Sus hijos
duermen intranquilos, se desvelan, les duele la cabeza con frecuencia, tienen
bajo rendimiento escolar o manifiestan otros síntomas extraños? Comience por
cambiarles las camas de lugar…a ver si allì està la causa…¡Atienda a la
Radiestesia¡ Ello puede salvarle la vida y la salud de su bolsillo, sobre todo
hoy cuando para ir al mèdico hay que pensarlo “siete veces siete”… y a la
farmacia, ¿cuànto màs?.
domingo, 21 de diciembre de 2014
"REFLEJOS EN EL AGUA". Juan Josè Bocaranda E
A LA MEMORIA DE…
Dedicamos
esta sección a la memoria del inspirado poeta marabino ALFREDO ÀÑEZ, nuestro amigo, quien,
hace ya muchos años, nos sugiriera, como
nombre de una columna nuestra para el periódico, el de “Reflejos en el Agua”.
Debemos señalar que nuestro
propósito no es otro, exclusivamente, sino el de expresarnos: un derecho que no
debe ser arrebatado a nadie, porque forma parte esencial de la propia vida:
quien quiere expresarse y no lo hace, muere asfixiado. Asfixia psicológica,
asfixia moral y asfixia espiritual.
Lo
importante no es la obra producida sino el hecho mismo de hacerlo, como lo
importante no està en el logro sino en el camino y el esfuerzo…
LO INEXPLICABLE. Juan Josè Bocaranda E
LO “INEXPLICABLE”
Juan Josè Bocaranda E
Ciertamente, existen
cosas “inexplicables” pero sólo en apariencia, pues suceden en forma por demás
tangible y evidente. Sin embargo, no faltan aquéllos que para todo y ante
todo exigen “comprobación científica”, como si la ley de causalidad fuese la
única que rige en el mundo de las relaciones entre los fenómenos.
El psicólogo y
escritor Carl Jung, de prestigio universal indiscutible escribió el prólogo del
milenario libro I Chin, donde define lo que denomina “principio de
sincronicidad”, paralelo al principio de causalidad.
El psicólogo suizo
comienza por plantear, no sin cierto grado de admiración, qué es lo que lleva a
ciertas personas a realizar actos que parecieran sembrados de misterio, como el
catador de vinos, el experto en antigüedades y los astrólogos:
Un catador
examina el aspecto del vino que burbujea a la altura de sus ojos; toma un
sorbo, lo saborea durante unos instantes, se da cuenta de su aspecto, y, para
el asombro de todos, determina, en forma exacta, la fecha, el lugar de origen y
la ubicación del viñedo.
Una persona entendida
en antigüedades, sin ningún otro elemento que lo oriente, sólo con mirar
detenidamente el objeto, es capaz de indicar en qué lugar fue fabricado y quién
fue su creador, trátese de un mueble o de una obra de arte.
Existen astrólogos que
apenas conocen la fecha del nacimiento de una persona, pueden establecer cuál
posición ocupaban el sol y la luna y cuál signo del zodíaco ascendía en
el momento del nacimiento.
“Frente a tales hechos
–escribe- es preciso admitir que los momentos pueden dejar huellas perdurables.
Estas “lecturas”, que llenan de admiración y efectúan personas especialmente
dotadas, obedecen al principio de sincronicidad, conforme al cual la
coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que
un mero azar. Quiere decir que, en estos asuntos “misteriosos”, no es el
principio de causalidad o de secuencia de hechos, lo que opera. Es más:
quienes consideran “imposible” tal clase de aciertos, en los catadores, en los
anticuarios, en los astrólogos, o los califican como simple azar, lo
dicen, justamente, porque buscan una relación de causa a efecto que no
existe, pues lo que opera, como ya dijimos, es la coexistencia de los hechos en
el espacio y en el tiempo. Por ello expresa Jung que “…los pormenores
casuales entran en representación del momento de la observación y
constituyen una parte de él”, todo lo cual es ajeno a la mentalidad occidental,
que “tamiza, pesa, selecciona, clasifica, separa, mientras que la representación
china del momento lo abarca todo, hasta el más minúsculo y absurdo
detalle, porque todos los ingredientes componen el momento observado”..
La vía idónea para
comprender por qué aciertan admirablemente “los rastreadores”, son los
argumentos prácticos, no los argumentos abstractos. Porque no se trata de
ciencias físicas ni matemáticas, sino de una especial sabiduría que gira
en el ámbito de una ciencia muy especial relativamente poco conocida todavía.
sábado, 20 de diciembre de 2014
EL DUEÑO DE LAS DOS VACAS. Juan Josè Bocaranda E
EL
DUEÑO DE LAS DOS VACAS
Juan
Josè Bocaranda E
Froilán
Linaza, el único policía del pueblo de “Las Lajas”, era brusco en el trato y
excesivamente “suelto” en el decir. Por ello, siempre desubicado, no distinguía
en presencia de quién estaba para “hablar como lo hace el pueblo, sin lenguas
en el pelo”. Por ejemplo, cuando el Arzobispo, acompañado del Nuncio Apostólico
y del gobernador del Estado, visitaron el pueblo, Froilán utilizó un lenguaje
procaz, que dejó turulatos a las eminencias, quienes disimularon con
carrasperas, mientras se miraban entre sí en silencio.
Froilán
vestía uniforme blanco fosforescente y cachucha con luces neón intermitentes.
Según el concejal que propuso esta vestimenta, ello contribuiría a disminuir
los robos, pues los ladrones verían a la autoridad desde lejos y optarían por abandonar
el intento. Además, el agente empuñaba un rolo, precedente de los peligrosos
lanzallamas, útil no sòlo para aporrear sino, màs aun, para arrojar chorros de
negrohumo maloliente, a una distancia considerable, provocando náuseas y
evacuaciones inmediatas al más valiente.
Debido
a estas condiciones, Froilán se consideraba el hombre de más poder en el
pueblo, y suponía que ello le daba derecho a tener dos mujeres. a las que
trataba como “sus vacas”: la esposa, Julia Totumas, y la concubina, hermana de
ésta, María Totumas. Ambas, como él, eran de ese mismo pueblo, donde vivían los
tres en la misma casa, por lo que Froilàn se creìa con derecho a viajar
en los dos trenes con el mismo boleto.
Julia,
delgada, menuda y laboriosa. María, retaca, obesa, de vientre
notoriamente distinguido, floja como la que más, quien dormía hasta muy entrada
la mañana, desayunaba con voracidad lo que le había preparado la hermana, y se
iba a la puerta de la casa a ver pasar moscas, hasta que la llamaban la hora
del almuerzo, la del “puntal” y la de la cena, intercalados todos estos
menesteres por las respectivas paradas en la puerta…a ver pasar moscas…Y así
por los siglos de los siglos.
Una
mañana, Luisa Antonia, la mujer del médico rural, preguntó a Froilàn si era posible
que María trabajara en su casa siquiera medio tiempo, en labores de
limpieza. Y él, que tenía sus razones, le respondió:
-Yo
creo que no, señora. Es una mujer muy haragana. No hace sino comer, dormir y
pararse todo el día en la puerta de la casa…a ver pasar moscas. De todas
maneras, hable con ella.
Cuando
Luisa le hizo la propuesta, María le respondió:
-No
puedo. Todas las tardes, cuando Froilán viene del trabajo, me encuentra parada
en la puerta (viendo pasar moscas) y me regaña “!Epa, María, no trabaje tanto!
Es que me tiene mucha consideración...Por eso no puedo trabajar, para que
no se disguste.
Luisa,
bastante ingenua, le comentó a Froilán:
-Debe
ser que María sufre mucho debido al embarazo, y por eso no puede trabajar.
-¡Cuál
embarazo?
-¿No
está embarazada? Por la barriga que tiene, debe estar a punto de dar a luz…Por
eso se siente cansada…
-¡Ja,ja,ja!
¡!!¿Embarazada!?! ¡Será de manteca…!
-Estoy
segura, señor Froilán. Yo sè mucho de esas cosas. Aquì donde Usted me ve,
comencé a estudiar Obstetricia en Lovaina…Sòlo con un vistazo puedo percibir si
el rìo entrò en el conuco…Marìa està embarazada. Se lo aseguro…
-¡Claro
que no, señora! No sea porfiada. ¿Me lo va a decir a mí, que soy el dueño de
mis “vacas” y quien las conoce, las cuida y las ordeña?
domingo, 7 de diciembre de 2014
EL ESTADO FINANCIERO DEL POETA CURSI. Juan Josè Bocaranda E
EL ESTADO
FINANCIERO DEL POETA CURSI
Juan Josè Bocaranda E
El conocido poeta
Antonino Cursi quiso celebrar en la intimidad familiar y en su pequeño y
hermoso pueblo natal de Italia, el 50º. Aniversario de su matrimonio. Rodeado
por su esposa, Stella Lucìa, sus hijos, nietos y bisnietos, brindando por el amor y alzando la copa, dijo
a su esposa:
“Brindo al Cielo.
Soy el hombre màs afortunado del mundo porque he vivido la empresa de quererte,
disfrutando de tu dulce compañía. Es algo que muy pocos pueden decir del
destino de su capital y de su estado financiero, al cabo de los años”.
Para coronar la
celebración, le leyò uno de sus poemas cursis.
LA MANCHA. Juan Josè Bocaranda E
LA
MANCHA
Juan
Josè Bocaranda E.
Despuès
de varios meses de trabajo intenso, un pintor concluyò la obra. Era un hermoso
cuadro al òleo, de amplias dimensiones, que aludìa a los orígenes de la
humanidad.
Al
taller acudió un hipercrítico de arte, premunido de ínfulas numerosas, quien le
fue señalando las diversas “inconveniencias” que generarìa la obra, pues directa e indirectamente, tocaba asuntos
“un tanto delicados”, que conforme a su dogma respectivo podrían cuestionar los
cofrades de las diversas sectas de la comunidad.
Temeroso
de caer en desprestigio y hasta de ser objeto de repulsa social, en
circunstancias que también podrían ocasionarle grave menoscabo pecuniario, el
pintor fue suprimiendo un elemento tras otro. Quito esto –se decía a sì mismo-
porque puede ofender la mèdula màs profunda de los metafísicos. Y esto porque
podría alejar a los católicos màs fervorosos. Y èste porque causarìa alarma a los miembros de la Iglesia
de las Siete Bondades; y èste, a los Sacrosantos Vociferantes del Desierto; y
èste a los Hermanos de la Pèrgola Bendita; y èste, a las Santas Hermanas de la
Caridad Pudenda….
Cuando
terminò la tarea del exterminio, viò còmo sòlo quedò en el lienzo lo que èl
llamò “una mancha de su pintura y de su esfuerzo artìstico”. Pero un amigo lo
sacò del engaño:
-No. No
es pintura. Sòlo es la cagada de una mosca…
viernes, 28 de noviembre de 2014
YO, RAMÒN EL BURRO. Juan Josè Bocaranda R
YO, RAMÓN EL BURRO
Juan Josè Bocaranda E
¡Aaaah!.!El gozo indescriptible de sentirse burro y de recibir el trato que ello merece!…
***
La gente, yo lo sé, me tiene por bruto. Y yo mismo me
lo creo. Estoy convencido de que lo soy.
La fama de bruto me la gané con creces desde que, en
contra de mi voluntad, asistì a la escuela en mi pueblo de Yamevoy.
Estoy seguro de que si mi madre no se hubiese antojado
de llevarme a la escuela -“para que no te quedes bruto”-, no hubiese resultado con ese don. Porque a la
larga, no ha dejado de ser un “don” para mì.
Les dirè por què.
En primer lugar, porque no hubiese tenido al alcance
de la mano a una persona encargada de inculcarme, martillándomela todos los
días, la idea de que era bruto: tal fue mi maestra Ofelia, a la que agradecerè
por la eternidad esta deferencia. En segundo lugar, no hubiesen concurrido las
circunstancias favorables al afianzamiento de esa idea, como lo fue la
colaboración desinteresada de mis condiscípulos, quienes asumieron con la mayor
seriedad la tarea de hacerme recordar, siempre y en todo lugar, que yo había
nacido para burro.
No permanecí en la escuela más de tres meses. Pero,
ese tiempo fue más que suficiente para que surtiera plenos efectos, en mi
mente, en mi personalidad y en mi futuro, esa especie de cursillo intensivo o
propedéutico que me impartió la maestra
Ofelia.
Quedé convencido de mi torpeza y de mi incapacidad,
gracias a que la maestra era la primera en generar las burlas y las risas
contra mí. Porque soltaba chistes, siempre de brutos, concediéndome el crédito
de la brutalidad. No desperdiciaba ni un solo día para humillarme y
atormentarme con el grito de “¡burro, burro, burro!”, con tal ensañamiento,
persistencia, ardor, énfasis e intensidad, que logró convencerme de que yo era
un burro; de que si bien me veía en el espejo una cara normal y me revisaba muy
bien el cuerpo, y no tenía patas sino dos piernas, y pies y dos brazos con sus
manos, y no tenía ni un taquito, pero ni un taquito de rabo, sin embargo yo era
un burro. “Ramón el burro”, me bautizó esa madrina de la Educación Pública,
digna de haber sido nombrada Ministra de Pedagogía. Y como “ Ramón el burro” me
quedé para siempre.
Pero la cosa no fue fácil. Todas las noches tuve
pesadillas: yo era un burro al que todos ofendían, del que todos se burlaban y
al que todos explotaban. Era, en mis pesadillas, el burro del pueblo. Y me
imponían cargas descomunales que
casi me convertían en un gusano, pues por poco tenía que arrastrar la
panza por el suelo.
Me despertaba temblando, sudando frío, pero a la vez
con un calor intenso. Y gemía, y lloraba y clamaba. Y tenía miedo de volverme a
dormir. Y mi madre maldecía el día en que se le ocurrió llevarme a la escuela.
En la oscuridad del cuarto, espesa, pesada como una
tela negra, sentía pavor, y procuraba
mirarme las manos, y cuando lograba verlas como fogonazos, era patas de
burro lo que veían mis ojos.
Pero, llegó una noche en que, milagrosamente, dejé de
tener pesadillas: abruptamente pasé a
tener sueños de burro feliz, en los que me veía más gracioso y tierno que el
burrito español llamado Platero.
Y los sueños eran tan intensos, tan intensos, que se
hicieron realidad. Por eso, desde el día siguiente pasé a ser un burro ensoñador. Y comencé a
revolcarme entre las flores, el mastranto, la yerbabuena, la albahaca, la
menta, el romero y el perejil de los jardines y de los campos, por lo que
andaba oliendo siempre a burro florecido.
Todos en el pueblo me buscaban, todos me querían.
Hasta me gané el Premio Municipal de Ecología, porque depuraba el ambiente con
mis burradas aromáticas. También me gané la gratitud del pueblo, porque me daba
a recorrer las calles repartiendo aromas de alegría. Y visitaba el hospital y
perfumaba a las enfermeras, quienes me llenaban de besos y me llamaban “burro
consentido”. Y perfumaba a los enfermos, sobre todo a las parturientas, para
que los niños salieran del recinto del más allá, perfumaditos y acicalados, de
tal forma que hasta los cordones
umbilicales quedaban impregnados de esas delicias de Paraíso Terrenal.
Las enfermeras y las camareras se llevaban
los cordones umbilicales a sus casas, como amuletos de la buena suerte,
y los vendían a los turistas. O se los colgaban del cuello a las hijas
para que atrajeran novios por
docenas.Y niñas, ¡felices!...Con tres o cuatro novios al mismo tiempo…(para
ensayar infidelidades…).
Jamás hubo pueblo más feliz y lleno de alegría
permanente, como Yamevoy, por causa de
un burro esplendoroso como yo. Yamevoy se saturó de tanto aroma de burro perfumado,
que atrajo turistas por millares, pues
¿quién no iba a cambiar durante unos días un ambiente hediondo a humo de
carros, por un ambiente celestial?.
¡Ahhh! ¡Qué agradable sentirnos burros por vocación, por gusto, por complacencia,
porque nos nace, por felicidad!. No a la
fuerza, no por imposición, porque la violencia arranca los sueños y siembra las
pesadillas.
Cuando llega el momento en que uno es burro por
convencimiento, uno se siente
importante. Siente que ha venido a este mundo a dar, no a recibir. Desaparece
el egoísmo, y nacen la generosidad esplendorosa y el sentido de colaboración y
de solidaridad. Y como la paciencia es la virtud màs obvia de los burros, se abre caminos a la santidad.
¡Si ustedes supieran lo que uno siente cuando es burro
a plenitud! Seguramente me envidiarían y correrían a ver quién los consagra…
Por todo esto siempre me acuerdo de la maestra Ofelia.
¡!Quién iba a pensar que sus burradas pedagógicas podrían brindar resultados
plausibles, elevados, dignos!!. Gracias
a esa catira fea, que me enseñó a ser burro.
Me acerco a los 65 años viviendo como burro, sintiendo
como burro y pensando como piensan algunos burros. Y asì he sido feliz, màs todavía cuando me vino
en suerte hallar por los caminos de la vida una buena burra, que me diò varios
burritos, también felizmente casados.
No quisiera llevarme a la tumba mis burradas. Ojalá
alguien se inspire y escriba algunas líneas para perpetua memoria. Para que se
sepa que hay maestras sensibles y atinadas y tierra fértil para las risotadas y
las burlas creativas, sugerentes, que encaminan despertando vocaciones.
Ruego a las almas piadosas coloquen sobre mi tumba
este epitafio: “Aquí yace Ramón el burro,
hermano consanguíneo de la maestra Ofelia Piña”.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
"CIUDAD CORCOVA". Juan Josè Bocaranda E
“CIUDAD CORCOVA”
Juan Josè Bocaranda E
Temerosos de que los atracaran y les
arrebataran la joroba, los jorobados decidieron
fundar su propia ciudad que, claro está, sólo podía ser habitada por jorobados.
Nació, así, “Ciudad Dromedaria” que algunos llamaban, simplemente, “La
Dromedaria” y no pocos “La Corcovada”.
Tener una quinta o mansión en “La
Dromedaria” otorgaba cachè y acrecentaba prestigio. Por ello los nuevosricos viajaban al extranjero para
implantarse brillantes jorobas, con el
mismo afán de novelerìa que animaba a las mujeres a sustituirse modestas copitas fipo frinè, por copones
abundandantes y rebosantes como de vaconas holandesas.
“La Dromedaria”se anunciaba desde muy lejos
porque la gran muralla estaba coronada, entre dos almenas y frente al puente
levadizo, por una joroba descomunal, de hormigón armado, pintada con llamativos
colores.
Durante la noche, la joroba-símbolo,
fosforescente, se destacaba como seria
advertencia para los merodeadores, muchos de los cuales desaparecìan para
siempre y sin dejar rastro.
Por las avenidas superiores de la muralla
patrullaban las moto-jorobas, de férrea
disciplina militar y acendrado celo patriòtico.
El acceso a la ciudad estaba constituido
por una sola puerta, custodiada por un ejército de samuráis jorobados, que
sabían utilizar la joroba para propinar martillazos mortales.
Como la cosa prometía, algunos extraños se
colocaban jorobas de plástico, pero eran descubiertos y castigados con penas
cuadruplicadas, como lo merecen todos los tramposos, jorobados o no. Otros, más
decididos, se practicaban costosas operaciones quirúrgicas para que les
incorporaran las jorobas dejadas por los difuntos, si es que las dejaban, pues
muchos estaban tan apegados a ellas, que se las llevaban al otro mundo para
seguir con la buena suerte.
Para recibir el título universitario en
Ciudad Corcova, era requisito indispensable que la joroba satisficiera
exigencias mínimas de dimensión y elegancia, por lo cual en el acto de
graduación se utilizaban togas escotadas que permitieran ver desnudas, a lo
lejos, las jorobas lustrosas y felices, para complacencia y gozo de todos los
presentes.
Para ser funcionario de carrera, era
indispensable cumplir con exigencias
muy, pero muy especiales, relativas a las jorobas, cuyas características eran
señaladas en manuales ultrasecretos que sólo “los privilegiados de la corcova”
podían manejar.
Hubo una época en que por cuestiones de
elegancia establecidas en los protocolos internacionales, se exigió a los
graduandos proporción específica entre el volumen de la joroba,
el volumen de la barriga y el volumen del nalgatorio. Pero, como no
había suficientes nalgudos –aunque sí muchos barrigones- se dejó de lado esta
meticulosidad antidemocrática.
En los “tribunales de la Corcova” los
jueces medían los casos, no por razones, sino por torceduras. Por supuesto, la
justicia también era jorobada. Es más: para todos ellos lo recto repugnaba, por
esencia, a la razón. Y la razón les decía que
la rectitud estaba en la joroba, así como los sabiondos de la “Matemàtica
Corcovada” afirmaban que la distancia más corta entre dos puntos era la joroba.
La alegoría de la justicia también fue
modificada: la tradicional representación romana, en una señora tuerta y obesa,
con una balanza en la mano izquierda y una espada en la derecha, sosteniéndose
milagrosamente los fustanes, fue reemplazada
por la figura de una Miss moderna, hermosa, ligera de ropa, con amplia y
brillante sonrisa, y con una joroba descomunal y digna, que contribuía a
resaltarle la belleza.
Por otra parte, era de ver y de
admirar a los siempre interesados
estudiantes de Derecho, en prosternación servil ante jueces y profesores
cargados de jorobas bursátiles, a quienes prometìan emular en sobajamientos
protocolares y diplomàticos.
Una escribiente, estudiante de Derecho,
provista de una formidable joroba, llegó a decir en voz alta que ganaba más
dinero que el juez porque escondía los expedientes en el extremo sur de la
corcova, hecho que, desde ya, le generaba cuantiosos emolumentos.
La corrupción, la perversión, la
injusticia, la traición y muchas otras virtudes democráticas, se sembraron y se
extendieron como una enredadera fatal en La Corcova.
Una noche, una enorme y furiosa tormenta de
arena dejó sepultada para siempre la ciudad de los jorobados, bajo cuyas
cenizas yacen hoy los cadáveres de sus habitantes en las posiciones màs
abyectas e inverosímiles. Entre el polvo sobresale una parte de la joroba de hormigón que una
vez fuera el orgullo de los jorobados, yo uno de ellos…
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