sábado, 20 de diciembre de 2014

EL DUEÑO DE LAS DOS VACAS. Juan Josè Bocaranda E



EL DUEÑO DE LAS DOS VACAS
Juan Josè Bocaranda E

Froilán Linaza, el único policía del pueblo de “Las Lajas”, era brusco en el trato y excesivamente “suelto” en el decir. Por ello, siempre desubicado, no distinguía en presencia de quién estaba para “hablar como lo hace el pueblo, sin lenguas en el pelo”. Por ejemplo, cuando el Arzobispo, acompañado del Nuncio Apostólico y del gobernador del Estado, visitaron el pueblo, Froilán utilizó un lenguaje procaz, que dejó turulatos a las eminencias, quienes disimularon con carrasperas, mientras se miraban entre sí en silencio.

Froilán vestía uniforme blanco fosforescente y cachucha con luces neón intermitentes. Según el concejal que propuso esta vestimenta, ello contribuiría a disminuir los robos, pues los ladrones verían a la autoridad desde lejos y optarían por abandonar el intento. Además, el agente empuñaba un rolo, precedente de los peligrosos lanzallamas, útil no sòlo para aporrear sino, màs aun, para arrojar chorros de negrohumo maloliente, a una distancia considerable, provocando náuseas y evacuaciones inmediatas al más valiente.

Debido a estas condiciones, Froilán se consideraba el hombre de más poder en el pueblo, y suponía que ello  le daba derecho a tener dos mujeres. a las que trataba como “sus vacas”: la esposa, Julia Totumas, y la concubina, hermana de ésta, María Totumas. Ambas, como él, eran de ese mismo pueblo, donde vivían los tres en la misma casa, por lo que  Froilàn se creìa con derecho a viajar en los dos trenes con el mismo boleto.

Julia, delgada, menuda  y laboriosa.  María, retaca, obesa, de vientre notoriamente distinguido, floja como la que más, quien dormía hasta muy entrada la mañana, desayunaba con voracidad lo que le había preparado la hermana, y se iba a la puerta de la casa a ver pasar moscas, hasta que la llamaban la hora del almuerzo, la del “puntal” y la de la cena,  intercalados todos estos menesteres por las respectivas paradas en la puerta…a ver pasar moscas…Y así por los siglos de los siglos.

Una mañana, Luisa Antonia, la mujer del médico rural, preguntó a Froilàn si era posible que María trabajara en su  casa siquiera medio tiempo, en labores de limpieza. Y él, que tenía sus razones,  le respondió:

-Yo creo que no, señora. Es una mujer muy haragana. No hace sino comer, dormir y pararse todo el día en la puerta de la casa…a ver pasar  moscas. De todas maneras, hable con ella.

Cuando Luisa le hizo la propuesta, María le respondió:

-No puedo. Todas las tardes, cuando Froilán viene del trabajo, me encuentra parada en la puerta (viendo pasar moscas) y me regaña “!Epa, María, no trabaje tanto! Es que  me tiene mucha consideración...Por eso no puedo trabajar, para que no se disguste.

Luisa, bastante ingenua, le comentó a Froilán:

-Debe ser que María sufre mucho debido al embarazo, y por eso no puede trabajar.

-¡Cuál embarazo?

-¿No está embarazada? Por la barriga que tiene, debe estar a punto de dar a luz…Por eso se siente cansada…

-¡Ja,ja,ja! ¡!!¿Embarazada!?! ¡Será de manteca…!

-Estoy segura, señor Froilán. Yo sè mucho de esas cosas. Aquì donde Usted me ve, comencé a estudiar Obstetricia en Lovaina…Sòlo con un vistazo puedo percibir si el rìo entrò en el conuco…Marìa està embarazada. Se lo aseguro…



 -¡Claro que no, señora! No sea porfiada. ¿Me lo va a decir a mí, que soy el dueño de mis “vacas” y quien las conoce, las cuida y las ordeña?

No hay comentarios:

Publicar un comentario