sábado, 28 de febrero de 2015

CUANDO LA NOCHE ES PLENA. Juan Josè Bocaranda E


CUANDO LA NOCHE ES  PLENA
Juan Josè Bocaranda E

Cuando la noche es plena
y la penumbra más densa,
se confunde con su sombra
avanzando casi a tientas.

Mientras tanto,
los vecinos duermen.

Como borroso fantasma,
anda,
se detiene,
vacila,
gira  a uno y otro costado
y en medio del ladrido
de los perros,
divisa unas bolsas de basura
que parecen maletas
de viaje
de la noche.

Las rompe con el mayor cuidado,
como si esperase hallar
alguna pieza valiosa
de metal
o baccarat

Una ola con mil alas de elementos
putrefactos
se arroja feroz contra su rostro,
pero el tiempo lo ha curado
tanto
que ya no siente la  ofensa.

Mientras, los vecinos duermen.

Su mano se hunde en la espesura
maloliente
y se extiende y se encoge y se agita
y se revuelve
como un pulpo,
en busca de alguna lata de refresco
o de cerveza.

Hay noches valiosas para él
porque logra reunir lo suficiente
para algún  plato de sopa
grasienta,
de cucarachas, gorgojos y gusanos,
cuando por mal precio
le compren
aquella pesca mortal.
los conspicuos señores fundidores
del metal.

Mientras esta mala vida
se muele
entre
sombras
desveladas
y  hambrientas,
los vecinos duermen.



martes, 24 de febrero de 2015

LOS FUNCIONARIOS Y LAS LEYES. Juann Josè Bocaranda E



Prensa
LAS LEYES Y LOS FUNCIONARIOS
Juan Josè Bocaranda E

En un país deben existir tantas leyes cuantas exija la realidad, pero sòlo bajo el convencimiento de que las mismas no están imbuidas de una virtud mágica que les haga surtir efectos por sì solas, al margen del papel que, respecto a ellas, debe desempeñar aquel ser humano de carne y huesos, que todos conocemos, llamado funcionario. Justamente, el problema de la ineficacia de las leyes es consecuencia del hecho de que no se enfatiza en forma suficiente, la responsabilidad del funcionario en su deber de cumplir y hacer cumplir las leyes. Al parecer no quiere darse cuenta de que cumple la ley únicamente  en la forma y en la medida en que haga que los ciudadanos les den cumplimiento.

Bien es cierto que los sistemas jurídicos modernos establecen una cuádruple responsabilidad del funcionario: penal, civil, administrativa y disciplinaria. Pero,-lo hemos señalado en muchas oportunidades- la responsabilidad meramente jurìdica no basta, porque se requiere, como base, el énfasis plenamente consciente de la responsabilidad moral. Y asì lo demuestra la realidad social: abundan  leyes que pretenden ser completas y técnicamente perfectas, no obstante lo cual se cumplen a medias o, sencillamente, no se cumplen, y no se cumplen porque la falla comienza por la base: un funcionario corrupto o negligente, que se da por desentendido, a menos que pueda hallar en su oficio alguna ventaja económica ilegìtima. En dos palabras, no hace honor al juramento mucho màs allà del compromiso jurídico: el compromiso que tiene, como ser humano  y como ciudadano y patriota, con su condición de sujeto de responsabilidad moral.

Hace mucho tiempo llegó el momento de tomar consciencia de que el  libre albedrìo no puede ser aplicable en el ámbito de la Moral Pùblica; de que el funcionario no està en libertad de optar, moralmente, entre hacer cumplir la ley o dejar de hacerlo.  Ha llegado el momento de profundizar, para que el Estado sea efectivo, al conjugar la eficacia de la ley con la eficiencia del funcionario. Eficiencia èsta que depende del grado de entrega del funcionario al idea de contribuir a la formación y consolidación de un país mejor.

Es necesario imponer coactivamente al funcionario el deber moral de cumplir la ley, sin excusas ni contemplaciones. Para ello està el Principio Ètico Constitucional, cuya presencia gigantesca y deslumbrante como un sol, muy pocos quieren mirar justamente porque  otorga beligerancia plena a los valores morales en el sistema legal. Es decir, los valores morales penetran plenamente en el sistema legal, haciéndose jurídicamente obligatorios, a través del Principio Ètico, que debe regir sobre todas las actuaciones del Estado, sobre la totalidad del ordenamiento jurídico y sobre el comportamiento de los funcionarios. Por consiguiente,  constituye un drástico factor de disciplina administrativa.

.Puede crearse un océano de leyes, pero fracasaràn todas, porque no se le saca partido a un factor esencial como el Principio Ètico.


sábado, 21 de febrero de 2015

NOCUENTO. LA UTILIDAD DE LOS POBRES. Juan Josè Bocaranda E



LA UTILIDAD DE LOS POBRES
Juan Josè Bocaranda E

Un día, los ricos se dieron cuenta de que sus riquezas eran excesivamente cuantiosas, de que no hallaban dónde depositarlas y de que no podían confiar en los  guardianes, lo que les exprimía de angustia el corazòn.

-Estamos siendo diezmados por síncopes cardíacos, provocados por la angustia del demasiado tener y de la desconfianza en la seguridad. Debemos hallar  solución.

El problema iba en aumento porque, a menor número de ricos, las riquezas se concentraban en unos pocos, que pasaban a ser “superricos”, dotados de “supersíncopes”.

Después de muchas disquisiciones, que más parecían evitar un remedio que hallar una solución, alguien propuso que las riquezas fueran distribuidas equitativamente entre los pobres, de tal forma que, al repartirse los bienes, se repartieran los síncopes.

Tomó la palabra el más gordo y rozagante de los ricos:

-Bien está que busquemos solución a este gravísimo pro­blema, generado por la acumulación de la riqueza. Pero, esa solu­ción no debe darse en detrimento de los valores morales.

-Es verdad- No debemos olvidar que nuestra mayor virtud es la caridad. Si repar­timos nuestros haberes entre los pobres, llegará un momento en que éstos serán sumamente escasos, ocasionándose un nuevo problema, pues tendremos que contabilizar cuántos ricos tocarán a cada pobre, para que puedan practicar la caridad, lo cual, a la larga, equivaldrá a que todos seremos ricos y que, en consecuencia, todos seremos cardìacos.

-Si llegados al extre­mo, no quedase ningún pobre, por ser todos ricos, no veo cómo podríamos ejercitar la caridad, que ha sido para nosotros la más fácil, la mas barata y socorrida y la menos exigente de las virtudes.

-Ciertamente. Pero tendríamos que comenzar a practicar virtudes más one­rosas por el esfuerzo, por la profundidad, por la exigencia de mayor sinceridad y de mayores alcances espirituales, lo cual podría ser nueva causa de nuevos paros cardiacos.

-Sin embargo, podría haber una solución media, y ésta sería la siguiente: no habiendo pobres, todos los ricos nos organizaríamos para intercambiar limosnas, de tal suerte que la caridad quedaría en casa.

-Esto no dejaría de ser una farsa.

-Pero, ¿es menos farsa esto que la que realizamos actualmente cuando practicamos la caridad en ínfimas y cómodas cuotas?

-Yo creo que también en el campo de la virtud debemos ser comedidos y no avariciosos; es más barato y más rentable que socialicemos la virtud, que las riquezas materiales.

-Por ello, en vez de repartir nuestros bienes, practicando la caridad, como quien dice, “de un solo viaje”, sigamos practicando la caridad con cuentagotas.

-Por otra parte, repartir nuestras rique­zas de un solo golpe, es como pretender entrar al reino de los cielos de sopetón, sin tocar a la puerta y sin aguardar turno, cosa que no sería bien vista por Dios.

-Además, si repar­timos desde ya todos nuestros bienes, ¿quién nos asegura que los nuevos ricos ejercitarán la caridad para con los pobres restantes?

-Y ¿quién asegura que si repartimos nuestros bienes de una sola buena vez, no nos fulminará un sincope definitivo, por pecar contra la moderación?

-Por lo tanto, sigamos practi­cando la caridad con mesura, pues es preferible morir por cuotas que morir al contado”.



miércoles, 18 de febrero de 2015

SOLIDARIDAD CON GRECIA. Juan Josè Bocranda E

LOS SIETE SABIOS DE GRECIA




DESDE CARACAPOLIS,
A TRAVÈS
DE DIÒGENES SINOPEYUS,
LOS SIETE SABIOS DE GRECIA

CLEOBULO
SOLÓN.
QUILON
TALES
PITACOS
BIAS
PERIANDRO

UN ABRAZO DE SOLIDARIDAD
PARA NUESTROS COTERRÀNEOS
EN ESTA HORA DE LUCHA
POR LA DIGNIDAD PATRIA.

Ayer no pudo conmigo ningún Alejandro Magno.
Hoy no podrán contra mi patria los alejandros mìnimos.

Invitamos a visitar KARICHATURAS
EN

domingo, 15 de febrero de 2015

COLOQUIO DE LOS ZAPATOS CASOLETA Y CAMBRILLÒN. Juan Josè Bocaranda E.



KARICHATURAS
“Al que le pica le picapica”
Juan Josè Bocaranda E

“Murmura, pica y pasa, y sea tu intención limpia
 aunque la lengua no lo parezca” (Cervantes)

COLOQUIO DE LOS ZAPATOS CASOLETA
Y CAMBRILLÒN.

Invitamos a leer en:


viernes, 13 de febrero de 2015

PANFILUS PENDEXUS. DIÒGENES SINOPEYUS


PANFILUS PENDEXUS. DIÒGENES SINOPEYUS

PÀNFILO, EL HOMBRE QUE NO TUVO PASADO

Pànfilo, el que inventò eso de “vivir sòlo e intensamente el presente”, olvidò dònde dejó los guachicones, y no quiso realizar esfuerzo alguno por ubicarlos, porque buscarlos  tan sòlo un instante después de sacàrselos, “ya era pasado”, y su consciencia le imponía ir olvidando, como quien reza un rosario, cada cuenta que pasaba de la camándula mental.

Asì, pues, se acostò a vivir el presente con la almohada, y eso porque la sentía bajo la nuca en ese instante. Era de plumas y se imaginò estar contándolas una a una en un presente que le pareció eterno, sòlo que interrumpido por la idea de que pluma contada, pluma perdida para siempre pues caìa en el pozo inútil de la nada…
Cansado de contar plumas, pasò a prestar atención  a la realidad que lo rodeaba: las paredes, pintadas de blanco expresamente, para que brillaran en la semioscuridad recordando el ahora; y el techo, de donde pendìa el ventilador inservible y que asì se quedarìa para siempre porque mandarlo arreglar implicaba futuro. Ni siquiera quitarle el polvo, porque este polvo se había venido acumulando sobre las aspas desde dos años atrás, lo que era pretèrito.

Ah. Tambièn se concentrò en los dedos de los pies, que  le sobresalìan como un abanico de uñones entre las medias rotas, de las que también se había olvidado. Recortarse las uñas y remendar las medias, eran pasado creciente, y eso iba contra el desarrollo espiritual.

Centrò la atenciòn en  el goteo del grifo de la cocina que resonaba en el silencio y que jamàs sería arreglado porque en ese instante no podría venir el plomero;  y en el ruido de los pipotes de la basura que a esa hora hacían entrechocar los señores del aseo urbano y que deberían dejar allì para siempre, porque trasladar los desechos al relleno sanitario sería cosa del dìa siguiente, y estaba vedado pensar en el mañana.

Finalmente atendiò con ànimo edificante a los ronquidos de la mujer, que yacìa a su lado, esclava como èl al imperio del aquí y del ahora, pues había sido la primera en adoptar la novelerìa desde que vio un programa por televisiòn.

Desechò la realidad de que su madre estaba enferma, al otro costado de la ciudad, porque la enfermedad era de vieja data, un asma de  quince años atrás, y eso era pasado. La ley espiritual le permitìa combatir las enfermedades surgidas en el momento, apenas nacieran, y le ordenaba olvidarse de las viejas dolencias, y èl no querìa pecar contra las leyes del tiempo.

Y porque eso era pasado, no quiso recordar el nombre de la medicina que debió haberle conseguido a la madre en la farmacia, ubicada  en la planta baja. Ademàs, ir del piso tres al nivel de la calle, a comprar el medicamento, ya sería futuro, aunque se tratase de apenas unos minutos.

Sintiò cuando la esposa despertó, interrumpiendo la secuencia de la meditaciòn.  Hubiese querido informarle que la directora del colegio lo había llamado por teléfono para darle un mensaje muy urgente respecto a uno de los niños, pero no lo hizo porque eso ya era cosa del pasado. Ademàs la gestión era para realizarla al dìa siguiente, cosa del futuro. Y el ayer y el mañana les estaban prohibidos.

Se concentrò como una momia y rechazò la idea de deudas y compromisos, todos realizables en el futuro. Por eso fue sorprendido por el hecho de que le cortaron el servicio de luz, de agua y de gas, pues había decidido olvidar las deudas contraídas en el pasado. Tambièn lo sorprendió el juez cuando fue a practicar el embargo de los bienes por falta de pago, y etc.etc…

Lo despidieron del trabajo porque decidió olvidar los conocimientos que había adquirido en la Universidad en cinco años de estudio. ¿Para què recordarlos, si eso ya era pan comido y digerido? Tenìa que resolver los problemas profesionales sobre la marcha, no apoyándose en las bagatelas e inutilidades del pasado, que no dejaban nada bueno y que, por el contrario, atentaban contra el desarrollo metafìsico. Ah. Tampoco debía operar en atención al futuro, lo cual  se sumò a la causa del despido, pues en su oficina se empecinò en planificar, como los malos gobernantes y los pèsimos administradores, para el instante presente, lo cual no daba buenos resultados.

Cuando fue a reclamar el pago de sus derechos laborales, la consultorìa jurídica recomendó que no se le pagaran, pues habían sido causados en el pasado, contando los treinta años de servicio desde el instante anterior al dìa del despido.

El abogado tomò a Pànfilus por las barbas, lo recostò de una pared como una mariposa y le espetò con voz clara y tiempo presente, este discurso:
“Pànfilus, pasado es pasado, futuro es futuro, y presente es su idiotez. Esas meditaciones suyas lo que han logrado es embobarlo. El tiempo es plenitud, y està constituido por a, b y c, es decir, por el pasado, por el presente y por el futuro, y sin eso no hay abecedario. Y déjeme decirle algo màs: es imposible vivir exactamente el presente, porque el tiempo està formado por instantes, tan breves, tan breves, que usted no tiene extensión suficiente de presente, y no puede detener el tiempo. Cada instante se vuelve pasado velozmente sin que usted pueda evitarlo. Y un ejemplo: en el Evangelio se lee que Jesùs dijo a los apóstoles; “uno de ustedes me entregarà”, con lo cual estaba pensando en el futuro, con bastante preocupación, por cierto. ¿Y cuando dijo que el Hijo de Dios vendrà a juzgar a la humanidad y colocarà a las ovejas a la derecha y los chivos a la izquierda, ¿no se estaba refiriendo al futuro, a un futuro muy incierto? ¿Y cuando dijo a la Madre, en las bodas de Canaàn, “mujer, aùn no ha llegado de mi hora”?

 Asì, pues, Pànfilus, déjate de pendejadas, que vas a perder la familia y a tì mismo por esas idioteces. En cuanto a tu mujer, date cuenta de su treta: te emboba con eso de vivir sòlo el presente para dejar la casa llena de basura. Con ese pretexto, ni  siquiera lava los platos. Tampoco te hace de comer porque la carne, las verduras y lo demás, fue comprado el dìa anterior, y eso no puede ser para un metafísico: tiene que comprar los alimentos y tragárselos de una vez, velozmente, para que no se le escape el instante… He dicho, rèquete Pànfilus”.

martes, 10 de febrero de 2015

POR UNA BORRACHA ENCUBIERTA DE LA CIA. Juan Josè Bocaranda E



POR UNA BORRACHA ENCUBIERTA DE LA CIA
Juan Josè Bocaranda E

Yo era un borracho tan duro como un pedernal. Y el orgullo de serlo me incrementaba las ganas.
Mamà murió en mis brazos. En sus últimos instantes pretendió que le prometiera abandonar el vicio. Pero, ni siquiera en esas circunstancias extremas soltè prenda. “Palabra de borracho no vale”- pensé.
Al parecer todo se debía al mal ejemplo de mi padre, muerto de un infarto etílico en plena calle. Creo que cuando acudì a ver su cadáver, a mis  doce años de edad, quedè marcado. O, mejor, encaminado por la autopista del aguardiente.
Asì anduve durante unas dos décadas.
Cerca de los treinta y cinco años me dejè seducir por una borracha encubierta de la CIA, Anastasia por pseudònimo profesional.
La “Cofradìa Iniciàtica  Antediluviana” o CIA, era un desesperado grupo de fanáticos que se iban a la calle a convivir con los beodos para rescatarlos a tiempo, “antes del segundo diluvio universal”, que era inminente, pues se desatarìa apenas Noè II terminara de pintar  el arca.

Anastasia, en realidad, no era borracha profesional. Ni siquiera aficionada: simulaba echarse los tragos, pero se mantenía sobria para estar en condiciones de arremeter contra los vicios con mano firme. Como lo hizo conmigo apenas iniciamos nuestra amistad.

Echando suertes, me correspondió, según ella,  aprenderme de pa a pu “Las Lamentaciones de Jeremìas”. Tarea que me resultò casi imposible, pues tenìa la memoria reseca.

Cuando finalmente coronè la cima, fui recibido por  cofrades delirantes. Allì, un domingo, en medio de cantos, cantos y màs cantos, fui declarado “soldado de Jehovà”. Me empujaron prácticamente a la calle, para que me dedicara a predicar la santa palabra. Es decir, el Libro de las Lamentaciones que, además, yo debía saber adaptar a los tiempos actuales, con el fin de infundir pavor a los descarriados y rescatarlos del Diluvio.

En cuanto a mi amiga Anastasia, mi amante de algunos meses, se esfumò como sòlo saben hacerlo los agentes de dilatada experiencia policial: caminando de para atrás para que pareciera que iba entrando. Técnica que inventaron, justamente, en la CIA, cuando comenzó a  presidirla un hiperfanàtico de Jehovà en tiempos de la “Guerra Frita”.
Logrè averiguar -pues seguía enamorado de ella- que Anastasia se había destacado tanto en sus mèritos de “rescatista”, que la habían incorporado al FBI.
El “Fondo Braga Internacional” o FBI, era otra organización  dedicada a los mismos fines de la CIA, pero en forma màs sofisticada, utilizando sistemas, medios y equipos de última generación. Como el GPS, para ubicar borrachos con una precisión milimétrica tan sensible, que hasta se captaba la intensidad de la borrachera por los olores corporales. Anastasia seguramente estaría feliz. Yo la conocía por su afición a las ciencias físicas,  a la astronomía copernicana y a los avances de la tecnologìa.

Pràcticamente en ayuno crònico, pues los ingresos monetarios eran casi nulos desde que la CIA me había borrado de la lista de pensionados, me dediquè a predicar la santa palabra. Con mi “hermosa biblia de cuero de los cocodrilos de Luisiana” –como campaneò el Pastor aquel domingo- iba de un lugar a otro como poseído por el espíritu de una prepotencia divina. Plazas, puertas de mercados libres, parques, estaciones del Metro, paradas de autobuses, encuentros personales, persecuciones y acosos evangélicos a domicilio, etc. etc.. Pero, por mucho que me desgañitè, vociferando como en subastas, no logrè conmover ni a los perros. Antes por el contrario, observè que mientras yo peroraba con ardor y fervor, la gente parecía no percatarse de mi  presencia. Comìan, conversaban y reìan entre ellos, dedicándome la misma atención que al viento o al revoloteo de las palomas. Y asì durante varios meses, hambreado de muerte, con la garganta adolorida y si tener ni un céntimo en el bolsillo para comprar algún calmante…El viento me movìa como una bandera, de lo tan flaco.

Que si don Jeremìas para allà, que don Jeremìas para acà…que si para arriba, que si para abajo…Nada, nada. Entonces, un medio dìa, cuando llegó a mis narices màs intenso que nunca el olor a comida de los restaurantes vecinos, me fue entrando por las entreuñas de los pies, me subió como serpientes por las piernas, los muslos, el estòmago…hasta el cerebro y la lengua, una arrechera pero de las buenas. De las que abducen al séptimo cielo. Y reventè y le regalè la biblia a uno de los borrachos y mandè de paseo a Jeremìas por siempre y para siempre. Adios al Libro de Oro de los Justos, donde jamàs se leería mi nombre.


lunes, 9 de febrero de 2015

LA PROPORCIÒN DE LO HUMANO A TRAVÈS DEL DERECHO Y LA MORAL. Juan Josè Bocaranda E




LA PROPORCIÒN DE LO HUMANO
A TRAVÈS DEL DERECHO Y LA MORAL.
Juan Josè Bocaranda E

“Cuando se parte de una concepción absoluta y meramente formal, el Derecho sòlo es un cascaròn de la Justicia. Porque sin convicción ética, la ley abandona su papel de elemento educativo ya que no ha  partido de una consciente necesidad moralizante y  se muestra como una ley injusta.
Con ello queremos decir que, no obstante las diferencias existentes entre ambos,  en cuanto a su naturaleza, a sus fines y a su expansión, la Moral debe influir sobre el Derecho, en la misma medida en que no puede concebirse una Justicia alejada del Bien
Es necesario, pues, moralizar el Derecho para desembocar en la revalorización de la Justicia, del bien común, y de la seguridad jurídica y social.
Cuando reconozcamos a la Moral la prioridad de naturaleza que le corresponde sobre el Derecho, estaremos en condiciones de avisorar el mundo jurídico desde ángulos superiores, otorgando al aspecto formal del Derecho el lugar que le corresponde; calificando  acertadamente el valor y la oportunidad de los tecnicismos jurìdicos;  e interpretando el Derecho en función de lo humano, buscando, como Dante Alighieri, “la proporción del hombre con el hombre” (Hominis ad hominem proportio)”.


(Extracto de nuestro libro LA FILIACIÒN ADULTERINA, DEL ABSURDO DE LA LEY AL IMPERIO DEL DERECHO. Publicado por Editorial  La Torre, Caracas, el 12 de julio de 1973. Hace cuarenta años comenzaba, ya desde entonces, a asomar su presencia lo que ahora se conoce como IUS-ÈTICA)

viernes, 6 de febrero de 2015

LA ESTUPIDEZ EN EL DERECHO Y LA LEY CONTRA LA DESAPARICIÒN DE PERSONAS. Juan Josè Bocaranda E



LA ESTUPIDEZ EN EL DERECHO Y LA LEY CONTRA LA DESAPARICIÒN DE PERSONAS
Juan Josè Bocaranda E

En la historia de la estupidez  humana escrita por Paul Tabori hace varios años, hay que incluir un capìtulo nuevo respecto a LA ESTUPIDEZ EN EL DERECHO DEL SIGLO XXI. Y lo decimos a propósito de la inminente LEY CONTRA LA DESAPARICIÒN DE PERSONAS que será aprobada en cierto país dentro de pocos meses. Paìs donde se hicieron humo cuarenta y tres estudiantes cuyos cadáveres no aparecen por ningún lado y que –suponemos nosotros- fueron arrojados al mar para que se los comieran los tiburones, pues las autoridades andan con evasivas que incrementan las sospechas.
El propósito de aquella ley radica en aprobarla y publicarla para que surta efectos inmediatos. Apenas salga a la luz, los violentos, los secuestradores, los asesinos, los traficantes de drogas y de carne humana, se retiraràn a sus aposentos monacales, y reinarà la paz.
Por su parte, los ciudadanos deberán reconocer agradecidos los esfuerzos bondadosos y democràticos de un gobierno evidentemente preocupado, e irse a dormir tranquilos.
Esa ley tendrà alcances algo màs que mágicos: en realidad milagrosos. Y no podría ser menos. Què otra cosa se podría esperar de un cuerpo de congresistas de santidad evidente, que transpiran buenos sentimientos, sanas intenciones, altruismo, caridad, desprendimiento, abnegación y tantas otras virtudes sin cuya presencia sería absolutamente imposible el poder de hacer milagros, tan sòlo con alzar la mano para dar el voto en la asamblea…y ya. Pan comido. Por algo entre las cualidades que debe llenar todo candidato polìtico està la que se refiere al poder taumatúrgico, reservado por el Cielo a los màs puros, a los màs dispuestos a desagrarse por el bienestar del pueblo.
Es tan estúpida la finalidad de aquella ley, que representa màs bien la burla sangrienta de un  gobierno que juzga a sus ciudadanos suficientemente bobos como para quedar satisfechos  y felices. Lo que significa que los gobernantes yacen bajo una montaña de falsedades e  intereses bastardeos, que los arrastran a la barbarie y a la perversión. Todo en función del ansia de poder y de dinero.
El narcotráfico es un cáncer tan fuerte, que se extiende por todo el organismo social, y no habrá ley tan buena que lo frene y extinga sus consecuencias, aunque luzca evidentemente milagrosa.
Ninguna ley, por “virtuosa” que parezca, suprime las causas del mal que subyace en todo ello.
Esa ley es sòlo un maquillaje. La “procesión” va por debajo…



martes, 3 de febrero de 2015

NOCUENTO TRICORNUTUS. NO HARÌA NADA, NADA...Juan Josè Bocaranda E






Nocuento tricornutus.
NO HARÌA NADA, NADA
Juan Josè Bocaranda E

-Pues yo me siento muy feliz a lado tuyo, Fruncido, y agradezco a la virgen de la Santa Esperanza que nos haya unido. Por cierto, recuerda que pasado mañana cumpliremos siete meses de novios.

-Claro que me acuerdo, Porcina- no lo olvido…Caminemos un rato. El Parque està muy agradable, no hace mucho calor.

Despuès de cierto rato, andando tomados de la mano:

-Fruncido, ¿què harías tù si sorprendieras a tu esposa en la cama con otro?

-¿Què haría? Nada.

-¡Nada de nada?

-Nada sino que la sacarìa a la calle desnuda, caminando en cuatro patas, a punta de pistola, para que todos supieran con què basura estaba casado…

-¡!Queeè? ¿Harìas eso?



domingo, 1 de febrero de 2015

Nocuento jurìdico.NI COMBATE NI DEBATE .. Juan Josè Bocaranda E

¿AL BATE O AL COMBATE?


Nocuento jurídico
NI COMABATE NI DEBATE
Juan Josè Bocaranda E

El profesor Roncho Bolanches, titular de la cátedra de Historia Jurìdica de la Numismàtica,  dijo una tarde a sus alumnos:

“Si los estudiantes sòlo están ansiosos por obtener el título de abogado a como dè lugar, no podrán ver la necesidad de cambios significativos en el Derecho, porque su interés està limitado por lo màs inmediato y lo menos trascendental.
Ahora bien, es probable que los escasos estudiantes que estèn conscientes de la necesidad de  cambios importantes en la ciencia de la Justicia, tropìecen con la resistencia franca o solapada de profesores congelados por una tradición que les resulta màs cómoda porque no exige mayores esfuerzos. A todo ello se suma, para colmo, el desdèn de aquellos estudiantes cuyo único interés radica en graduarse cuanto antes y por cualquier medio…
En todo caso, los estudiantes conscientes de la necesidad de un cambio, que colocan los intereses del país por encima de sus propios intereses, podrían “encender la mecha del cambio”, primero, formulando a los profesores, en plena clase, preguntas relativas a la cuestión, para dejarlos en evidencia; y, segundo, incitándolos a debatir públicamente y en forma valiente las razones por las que descalifican con abyecto silencio, a los que proponen un cambio en la ciencia del Derecho.
En fin, los estudiantes conscientes podrán llegar a la conclusión de esta alternativa: o los profesores renuentes salen a debatir o se esconden cobardemente. Si lo primero, al final deberán estar muy satisfechos de haber vencido en el debate porque su sapiencia es irrebatible; si lo segundo, es decir, si se esconden cobardemente, demuestran que no son dignos de seguir como profesores, porque un buen profesor debe ser, ante todo, responsable ante la Historia.

Un estudiante alzò la mano y dijo:

“Profesor, los profesores renuentes a los cambios afirman que no se prestaràn a un debate con alguien que no estè a su altura acadèmica, pues ello los rebaja”.

Bolanches le respondió:

“Falacia de los cobardes que ocultan el miedo detrás de los pretextos. Ademàs de cobardes, son estúpidos porque si debaten con un contrincante menor, podrán lucirse aplastándolo con su montaña de saberes y asì podrán relamerse, vencedores en su vanidad”.


El Derecho sigiò durmiendo…