jueves, 12 de marzo de 2015

EL ILUSTRE HISTORIADOR ESTESÌCORO DE EUMEA Juan Josè Bocaranda E



EL ILUSTRE HISTORIADOR ESTESÌCORO
DE EUMEA
Juan Josè Bocaranda E

En 1845, la archiconocida erudita franco-alemana Anita Ecker, descubrió, en una ruinosa biblioteca de Persia, varios rollos de papiro del historiador Estesìcoro de Eumea, titulados “HISTORIA, LEYENDAS Y COSTUMBRES DE PUEBLOS DE LOS VIEJOS TIEMPOS”, donde el autor se regodea con las curiosidades que conoció y describe.

Si bien es cierto se ignora el lugar donde nació Estesìcoro, y, peor aun, dònde estaba ubicada Eumea, no lo es menos que sì se tienen referencias directas de algunos escritores griegos que, como Herodoto y Plutarco, realizan  comentarios jocosos respecto a los viajes, un tanto misteriosos, de Estesìcoro por Asia Menor, Egipto, Grecia y Babilonia.

Al llegar a la ciudad de Atenas, trabò amistad con Pericles, entonces Presidente de la ciudad-estado, quien se interesò por los relatos que el historiador viajero le referìa en horas de la noche, en la sobremesa, una vez finalizada la jornada presidencial. Allì sostuvo tertulias con personajes como Solòn, Bias, Periandro, Tales, Quilòn, Protàgoras, Fidias, Herodoto, Annaxàgoras y otros.

Conoció también a Frinè, de quien, según se dice, fue amante durante breve tiempo, compartiéndola con Praxiteles.

Algunos aseguran que èl y Diògenes de Sinopeyus fueron amigos y que de vez en cuando visitaba a èste en su famoso Tonel.

Admirò, como muchos, la hermosura e inteligencia de Aspasia y estuvo presente en varias ocasiones cuando ella aconsejaba con maestrìa a su marido Pericles en asuntos políticos y del Estado.

En Atenas, acudió a centros culturales, donde leyò sus obras, dejando a los oyentes maravillados por tan increíbles relatos. Tambièn les leyò sus poemas. Con virtuosismo los entreveraba con el sonido del oboe, que portaba, junto con las lenguetas o estrangules y demás elementos, en un bolso de cuero que no desamparaba jamàs, pues, decía, de pronto sentía la “necesidad de recurrir a los efluvios de la música, como el sendiento  al agua”.

No pertenecía a la casta de los historiadores cómodos, que ven los toros desde lejos, y por ello se enfrentò a los tiranos hasta derrocarlos. Asì mismo, para escribir su obra, hacìa largos y peligrosos recorridos por lugares increibles, recogiendo tradiciones de los pueblos màs diversos, asì como su historia, sus costumbres y sus leyendas.

Entre las narraciones màs curiosas llaman poderosamente la atención aquèlla que se refiere a los “mesonasones”, “el pueblo de los pollos guerreros”; y algunas otras de “la Tierra de  los Bosques Negros”, como el cràneo dorado, los muertos a la parrilla y la casta de los bueyes mochos, que algún dìa comentaremos. No, ciertamente, hoy. Porque creo que los estoy fastidiando, y aquí ceso, Sin embargo, si alguno de ustedes desea que siga con la retahíla, hágamelo saber por tuiter. Se lo sabrè agradecer”.





No hay comentarios:

Publicar un comentario