EL ILUSTRE HISTORIADOR ESTESÌCORO
DE EUMEA
Juan Josè Bocaranda E
En 1845, la archiconocida erudita franco-alemana Anita Ecker, descubrió, en
una ruinosa biblioteca de Persia, varios rollos de papiro del historiador
Estesìcoro de Eumea, titulados “HISTORIA, LEYENDAS Y COSTUMBRES DE PUEBLOS DE
LOS VIEJOS TIEMPOS”, donde el autor se regodea con las curiosidades que conoció
y describe.
Si bien es cierto se ignora
el lugar donde nació Estesìcoro, y, peor aun, dònde estaba ubicada Eumea, no lo
es menos que sì se tienen referencias directas de algunos escritores griegos
que, como Herodoto y Plutarco, realizan
comentarios jocosos respecto a los viajes, un tanto misteriosos, de
Estesìcoro por Asia Menor, Egipto, Grecia y Babilonia.
Al llegar a la ciudad de
Atenas, trabò amistad con Pericles, entonces Presidente de la ciudad-estado,
quien se interesò por los relatos que el historiador viajero le referìa en
horas de la noche, en la sobremesa, una vez finalizada la jornada presidencial.
Allì sostuvo tertulias con personajes como Solòn, Bias, Periandro, Tales,
Quilòn, Protàgoras, Fidias, Herodoto, Annaxàgoras y otros.
Conoció también a Frinè, de
quien, según se dice, fue amante durante breve tiempo, compartiéndola con
Praxiteles.
Algunos aseguran que èl y
Diògenes de Sinopeyus fueron amigos y que de vez en cuando visitaba a èste en su
famoso Tonel.
Admirò, como muchos, la
hermosura e inteligencia de Aspasia y estuvo presente en varias ocasiones
cuando ella aconsejaba con maestrìa a su marido Pericles en asuntos políticos y
del Estado.
En Atenas, acudió a centros
culturales, donde leyò sus obras, dejando a los oyentes maravillados por tan
increíbles relatos. Tambièn les leyò sus poemas. Con virtuosismo los
entreveraba con el sonido del oboe, que portaba, junto con las lenguetas o estrangules y demás elementos, en un
bolso de cuero que no desamparaba jamàs, pues, decía, de pronto sentía la
“necesidad de recurrir a los efluvios de la música, como el sendiento al agua”.
No pertenecía a la casta de
los historiadores cómodos, que ven los toros desde lejos, y por ello se
enfrentò a los tiranos hasta derrocarlos. Asì mismo, para escribir su obra,
hacìa largos y peligrosos recorridos por lugares increibles, recogiendo
tradiciones de los pueblos màs diversos, asì como su historia, sus costumbres y
sus leyendas.
Entre las narraciones màs curiosas llaman poderosamente la atención aquèlla
que se refiere a los “mesonasones”, “el pueblo de los pollos guerreros”; y
algunas otras de “la Tierra de los
Bosques Negros”, como el cràneo dorado, los muertos a la parrilla y la casta de
los bueyes mochos, que algún dìa comentaremos. No, ciertamente, hoy. Porque
creo que los estoy fastidiando, y aquí ceso, Sin embargo, si alguno de ustedes
desea que siga con la retahíla, hágamelo saber por tuiter. Se lo sabrè agradecer”.
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