jueves, 19 de marzo de 2015

“HISTORIA, LEYENDAS Y COSTUMBRES DE LOS PUEBLOS ANTIGUOS”, DE ESTESÌCORO DE EUMEA. Juan Josè Bocaranda E



“HISTORIA, LEYENDAS Y COSTUMBRES
DE LOS PUEBLOS ANTIGUOS”,
DE ESTESÌCORO DE EUMEA.

Juan Josè Bocaranda E

Cedamos la palabra a Estesìcoro:

“Despuès de invocar a la diosa Lìa, que todo lo desenreda y lleva a buen final, voy a describir, brevemente, los rasgos mínimos de una serie de pueblos que hallè en esa región de Asia.

A partir de la Tierra de los Bosques Negros, moran los calìpidas, de estaturas inverosímiles y pasos de siete leguas, que nos recuerdan a los gigantes que, según dicen, fueron los constructores de las grandes pirámides.
Algunos egipcios me comentaron bajo confidencia que los faraones ordenaron la construcción de tan monumentales obras porque sufrìan de elefantiasis, enfermedad hereditaria que les   resultaba imposible ocultar y que tal vez desdecía de su origen  divino…. Un mèdico egipcio  me dijo, casi con la misteriosa voz de los secretos màs ocultos :
-Tienen que haber sido los calìpidas los constructores de esas grandes tumbas.
-¿Por què?
-Porque  eran “guapos pa cargar, pa nada  mas”.

A los calìpidas sigue el pueblo de los alzones, que caminan rastrillando los pies para levantar polvo, pues son adoradores de la madre tierra, con la que desean consubstanciarse a través de los pulmones, ya conquistado el corazón. Viven de la fabricación de adobes, que comercian con los pueblos vecinos y hasta lejanos. Incluso, una vez hallè en unas ruinas de Persia, varios ladrillos que llevaban el sello real de los alzones.

Màs adelante, los neurastones, de perpetuo mal humor, flojera inexplicable y ataques de ansiedad, todo lo cual luce de  sumo interés científico, por lo que reciben visitas frecuentes  de  antropólogos alemanes, psicólogos suizos y cineastas norteamericanos.

Los obiopolìtas, que detestan el agua, pero la beben a grandes sorbos, como en una relación extraña de amor y odio simultáneos. Por supuesto, jamàs se bañan y sòlo utilizan las acequias, las fuentes y los rìos para la agricultura, muy floreciente entre ellos.

Los sinaicas, comedores de mujeres gordas.Tuve oportunidad de conocer los lugares especiales donde asiduos esclavos hambrientos las alimentan a la fuerza, minuto tras minuto, dìa y noche, sin parar. A las pobres víctimas se les nota la tristeza que les causa pensar en el final que les espera en la gran olla.

Los melanclenos. Hombres y mujeres  se retuercen las largas melenas en numerosos moños, de tan venerable adoraciòn, que existen altares consagrados a un dios calvo. Allì cortan las pelucas a los enemigos y las arrojan al fuego, formando piras que alumbran los caminos de la noche.

Los sauròmatas, de andar como de dinosaurios, a los que procuran imitar en el arrebato y en el apetito. Los hay de talla gigantesca, para terror y sojuzgamiento de los màs débiles. Sòlo estos mastododontes están calificados por ejercer cargos políticos, militares y  policiales. Los enclenques como yo están jodidos…

Los hemorrágicos. Casados sòlo entre ellos debido a la carga de prejuicios y xenofobia, su sangre se ha debilitado tanto, que mueren desangrados por causa de una herida, por superficial que parezca. Encontrè muy pocos habitantes en ese lugar, no entiendo por què.

Los pie-de-cabra. Nacen con ese hermoso pie de chivo rupestre, que los llena de orgullo. Cuando los jóvenes están en edad de casarse,  las muchachas permanecen estàticas y a la expectativa. Los pretendientes desfilan  mirándoles, no el rostro, que mantienen oculto, (pues no interesa en modo alguno su belleza o su fealdad), sino  solamente los pies, para hacer la mejor escogencia. Algunas se quedan para vestir santos porque tienen los pies “feos”, es decir, lo que para nosotros son pies normales. Los jóvenes alegan que “asì no van al baile”, y dicen, a la vez, que la pezuña es la mejor garantía de la ausencia de juanetes, que tanto detestan.

Los sismosones. Adoran los terremotos, pues creen que son palpitaciones, eructos y mensajes de los dioses. Les presagian tiempos venturosos, y por eso desean que ocurran con frecuencia, sean cuales sean los daños que provoquen.

Los hèlodos. Adoradores del sol. Jamàs le dan la espalda. Prefieren caminar en retroceso antes que faltar a este precepto. Quien lo quebranta es condenado a morir de insolación en la plaza pública.

Los coxi-coxi, que durante los primeros seis meses del año actúan en forma normal y el resto del año caminan de cabeza y todo lo hacen exactamente al revés. Por ejemplo, duermen durante el dìa y realizan todas sus actividades durante la noche; gritan y maldicen durante todo el tiempo, y jamàs bendicen; hablan cuando no deben y no dan respuesta cuando se les pregunta; desayunan por la noche y almuerzan al amanecer; se roban entre ellos mientras consideran intocables los bienes de los extranjeros. Los hombres llevan a cabo las tareas de las mujeres y èstas las de los hombres, y orinan sentados, a diferencia de las mujeres, que en ese lapso de seis meses orinan de pie donde les dan las ganas, sin ningún miramiento ni distinción social.

Los polkos, que desde muy niños comienzan a ser ejercitados en el arte de mentir. Los màs viejos me dicen que el fin de esta costumbre està en prepararlos para la vida política y en los asuntos del Estado. De esta menera carecen de escrúpulos cuando llevan a efecto todo tipo de engaños y promesas falsas. Se otorgan grandes premios, en concursos callejeros, a quienes mientan màs y con mejor arte. Como los concursos son frecuentes, al finalizar el año existe un inmenso cùmulo de mentirosos, quienes compiten entre ellos para ocupar los cargos públicos, severamente calificados por una Comisiòn nombrada al efecto.

Los ulkos, que se distinguen de todos los anteriores porque cumplen sus necesidades fisiológicas en privado, para lo cual cuentan con instalaciones donde pueden hacerlo con la mayor discreción, libres del asedio de los paparazzi.

Y, finalmente, separados por un desierto que se recorre a lomo de camello en no menos de dos meses, los mesonasones, o “pueblo de los pollos guerreros”, a los cuales atenderemos en otra oportunidad”.


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