REFLEXIONES DE UN BURRO
GRAVE ERROR DE LOS HUMANOS RESPECTO
A LOS BURROS
Por EL BURRO CAMPANTE
“Para màs de un idiota
Tu nombre constituye un serio agravio
Y casi nadie nota
Que pese a tal
resabio
Màs vale burro
bueno que mal sabio”
(Aquiles Nazoa)
A manera de preámbulo debo advertir que estas pàginas no deberían
ser leìdas por aquellas personas que suelen estar inclinadas a reputar como “burradas”
las cosas que dicen los demás, mientras consideran las suyas como indudable expresión
de genialidad. Por lo tanto, no les conviene leer estas líneas porque entre
hermanos, consanguíneos o por afinidad, no debe haber competencia.
Sin embargo, sea cual sea el caso, es decir, decídanse o
no a leerlas, tienen para con este burro un deber de gratitud. Porque si se
abstienen de leerlas, se abstendrán de perder el tiempo leyendo burradas que no
contribuirán al enriquecimiento de su bagaje cultural, pues ¿còmo podría enriquecerlo
el paupérrimo pensamiento de alguien capaz
sòlo de rebuznar? Si, por el contrario, optan por leerlas –lo cual, advierto,
no deberían hacer- también deberán agradecerlo, porque este burro atrevido dirà burradas que,
con rebuznos o no, algo deben dejar,
como sucede con el afrecho del trigo, que por algo se llama “salvado”. Idea que
desearìa se mantuviera en este caso, puesto que aspiro que entre tantas
burradas y rebuznos algo “se salve” para beneficio de todos.
……………
La gente suele cometer errores muy graves respecto a
nosotros los burros. Asì, estar
absolutamente seguros de que somos armazones de acero y de que todo lo màs difícil
y oneroso podemos soportarlo casi al infinito; y creer que nosotros carecemos
de sentimiento.
Si bien es cierto que soportamos cargas muy pesadas,
cuestas empinadas, pasos peligrosos, largas jornadas de sed, hambre y calor o
frio, sin que se escuchen lamentos o protestas, no es menos verdad que el dolor
va por dentro, y no tenemos medios para darlo a conocer. El único recurso sería
rebuznar, pero corremos el peligro de que el “mandamàs” nos cargue de mayores
exigencias interpretando esos rebuznos, no como expresión de dolor y de
protesta, sino como manifestaciones de gozo, de alegría y de agrado, con las
consecuencias que se han de suponer puesto que el conductor cometerìa la
burrada de perpetrar abusos mayores contra nuestra paciencia forzada y nuestro
silencio mal entendido.
Porque no somos quejumbrosos como los perros, mamecos
como los gatos, ni mimados como los pericos, no tenemos otra sino enfrentar la
dura realidad, sacando “fuerzas de macho”, aunque se trate de burras, que también
son forzadas y abusadas sin discriminaciones de sexo que allì sì deberían
existir, por consideración a las damas.
Pero es que, además, hablando con franqueza, nosotros
dejamos salir todo el aire que llevamos en los pulmones cada vez que
rebuznamos, como quien se exprime el alma, que también tenemos, al igual que un
corazón amoroso como el que màs. Por eso, nuestros rebuznos son màs un grito de
Tarzàn que una queja de Chita. Es una forma de hacer sentir nuestra
presencia y de ilustrar nuestra
personalidad.
Estoy absolutamente seguro de que los científicos –que,
por suerte, nunca faltan- hallaràn en el burro un venero fecundo de inspiraciones
y de motivos para la investigaciòn. Psicòlogos, genetistas, lingüistas,
especialistas del sonido, expertos en ruidos, musicólogos y toda una causa de sabiondos se
abocaràn a estudiar a los jumentos hasta por debajo de la lengua.
Yo me conformarìa con que siquiera se dedicasen a
estudiar de los rebuznos, sus ondas, la longitud de onda, la intensidad del
rebuzno, su amplitud, tono, timbre, velocidad, potencia y alcance, grosor, reflexión
y refracción, y hasta el “efecto Dopper”.
Pero el estudio no sería completo y mi tristeza enorme,
si el equipo interdisciplinario NASA-OTAN,
no tuviese en cuenta la “carga emocional y sentimental” de esta expresión
gutural de nosotros los burros llamada vulgarmente rebuzno.
Sòlo a través de este enfoque objetivo estaréis vosotros
los humanos en condiciones de comprender “el lenguaje de los burros” en toda su
profunda manifestaciòn. De esta manera comprenderéis cuàndo estamos tristes y
cuànto, què mensajes de amor, ternura, afecto, reproche o recriminación,
enviamos a nuestras asnas, a larga distancia, con un espacio inaudible para los
humanos, pero que es donde, justamente, se concentra la esencia de esa especie
de mensaje de texto, de esa voz silente del corazón del tuiter que entonces lanza su clamor.
¡Que nosotros carecemos de sentimientos sòlo porque no lo
hagamos saber?. ¡Tremenda burrada!
Claro que no podemos hacerlo como el perro, que gime,
hace maromas, lagrimea, chilla, se para en las patas traseras, se rasca las
pulgas, se restriega contra los zapatos del amo, le orina los pantalones, le da
vueltas y saltos, hasta que el amo se agacha, lo acaricia y lo eleva entre los
brazos y hasta lo besa. Despuès se lo lleva a su cama a dormir juntos, cosa que
no podría hacer con un burro.
Un amigo y colega mìo cometió el error de tratar de
imitar al perro para ver si el amo le brindaba por fin un pequeño gesto de
cariño después de siete largos años de servicio, pero resultò “aventado”, es decir, vendido a otro granjero
que vivía a centenares de kilómetros de allì. Y eso después de recibir una
paliza soberana y una reprimenda final. Todo porque al pararse en las patas
traseras y acercarse al amo para abrazarlo, lo derribò al suelo y casi lo
aplastò.
Yo aprendì la lección por experiencia ajena y desde
entonces estoy convencido de que hay amores torpes y desatinados que producen
graves consecuencias, por lo que el amor debe ser cuidadoso, pausado y ajustado
a la naturaleza.
¿Recuerdan còmo al comienzo de estas páginas recomendè no
leerlas porque contenía muchas burradas? ¿No dije también que, sin embargo, es
posible “salvar” algo de la substancia del trigo, devengando conclusiones
positivas de las simples burradas?
Pues le voy a decir esto: usted no ha perdido el tiempo
leyendo estas burradas: acaba se ganarse la lotería: será el abanderado de
nosotros los burros: lucharà por los derechos humanos del burro, irà a la ONU
si es preciso, removerà cielo y tierra y lograrà que todos las naciones del
Globo, donde por fortuna no faltan los burros, acojan en sus legislaciones la protección
de nuestros derechos. Pero, exigirán que sean respetados Y REALIZADOS los derechos
humanos de los burros, DE VERDAD, no como viene sucediendo con los derechos humanos
de los humanos, que se han vuelto pura paja y de cuyos enunciados sòlo viven
quienes los defienden, pues no dejan de ganar su dinero con esa labor.
Y hablando de paja: voy a cenar…si es que el burro de mi
esclavista se acordó de mì: me tuvo amarrado de un horcón, frente al rancho de
su compadre, sin una pizca de consideración, desde las ocho de la mañana hasta
las cuatro de la tarde, aguantando un mandarriazo de sol y muerto de sed,
mientras ellos hablaban y hablaban y hablaban pendejadas.
Y hablando de pendejadas…!Que nuestros derechos se
cumplan!

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